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jueves, 20 de enero de 2011

Suma qamaña, vivir bien y de vita beata. Una cartografía boliviana

Por: Javier Medina

En los años Noventa se inicia una conversación acerca de por qué los proyectos de desarrollo, financiados por la cooperación internacional, no funcionan en Bolivia. Estos proyectos empiezan en los Setenta y expresan el proceso de secularización que atravesaban las órdenes misioneras y que vehiculizan a través de la forma ONG. Resulta que el concepto de Desarrollo no tiene traducción a las lenguas amerindias. Ello permite saltar la discusión culturalista, de otros lares al filo del milenio, y encarar el tema desde el supuesto que la Indianidad pertenece a una civilización no occidental. La pregunta, por tanto, es: ¿cual es el equivalente homeomórfico a Desarrollo en el sistema amerindio? La respuesta, en aymara, es Suma Qamaña que implica todo un tratado post racionalista.de filosofía y mística ecológica: deep ecology. Lo más parecido a la conceptualización amerindia, en Occidente, es la física cuántica. Gran problema: los desarrollistas no lo conocen y a los misioneros secularizados les huele a animismo. Esa indagación revela que la Extirpación de Idolatrías del siglo XVI proseguía impertérrita, camuflada, empero, en nuevos eslóganes. Las grandes ONG tratan de minimizar el cuestionamiento haciendo el silencio alrededor. Buscan nuevas etiquetas para encubrir lo mismo: su milenaria lucha contra el paganismo.

En 1994 se inicia el proceso de descentralización municipal: la transferencia de poder económico y político más grande jamás llevado a cabo en el país. El corazón operativo de dicha estrategia está compuesto por la Planificación Participativa que debía consistir en un diálogo de saberes entre técnicos occidentales y comunarios amerindios. Ello falla (salvo los proyectos piloto ensayados por la Subsecretaria de Desarrollo Rural) porque la universidad boliviana, a través de sus egresados, no estaba preparada para encarar ese diálogo decisivo y se imponen, por inercia, las metodologías tecnocráticas del Fondo de Inversión Social que fueron aggiornadas, justamente, en esos talleres piloto. Aprendizaje: toda política pública requiere, además de financiamiento, un cuerpo de técnicos coherente con la intentio legislatoris. Huelga decir que los otros pasos: diseño comunitario del Plan de Desarrollo Municipal, el Presupuesto Participativo y el Control Social, siguieron las inercias desarrollistas; es decir, no se introdujo la economía de reciprocidad en los presupuestos, ni la ley del Ayni. Ese aprendizaje mínimo no lo tuvo presente el MAS cuando hace del Vivir Bien una política estratégica de valencia constitucional.

El año 2000, en el marco de las políticas globales de Alivio a la Pobreza, se lleva a cabo el Diálogo Nacional 2000, donde se enfatiza los elementos cualitativos y, por tanto, culturales de la lucha contra la pobreza. La Cooperación alemana, GTZ, organiza un Componente de su programa de cooperación y lo bautiza como Suma Qamaña, para indicar, justamente, su orientación. Entonces, en colaboración con la FAM: la Federación de Asociaciones Municipales, se produce una gran cantidad de material bibliográfico sobre el Suma Qamaña, Ñande Reko, Suma Kawsay, la Vida Buena municipal, que llega hasta los últimos rincones del país. Se logró posicionar el concepto como diferente del de Desarrollo. Esta campaña prosigue durante la Asamblea Constituyente y el concepto logra entrar en el nuevo texto constitucional. Gran avance, pero sólo formal.

Después de 6 años de gestión gubernamental y de constituir: el Vivir Bien, la estrategia del Plan Nacional de Desarrollo (en el título del PDN ya se da la incoherencia), el MAS no puede presentar un solo proyecto iniciado de implementación del Vivir Bien. En este momento el Gobierno guarda un vergonzoso silencio al respecto y desde los media ha abierto un debate que enfrenta a “pachamámicos y extractivistas”. Se supone que los primeros son los indígenas de la Cancillería y los otros los izquierdistas de la Vicepresidencia, con sus respectivas redes de influencia. En esas estamos, ahora.

Desovillemos qué se esconde tras los epítetos de pachamámicos y extractivistas.

De lado pachamámico, en su vertiente comunal, he sido testigo de la siguiente paradoja. Los comunarios amerindios, si se les pide decidir entre Desarrollo y Vivir Bien, demandan Desarrollo, para sorpresa del preguntón. Dan por sentado que ya tienen Suma Qamaña: algo intangible que, de todos modos, no puede percibir un occidental, educado por la objetividad y mensurabildad de un universo cósico. Sigue, pues, intacto el diálogo de sordos: el quid pro quo colombino. De lado de los ideólogos del pachamamismo, se nota los costos de una traducción simple para occidentales: ”Vivir bien, no mejor”. La traducción castellana pierde las connotaciones sistémicas y cosmobiológicas de los idiomas amerindios: se antropocentriza, por así decirlo y, en vista de ello, recurre al lenguaje de la New Age para hacerse entender; con lo que deviene en algo parecido a un manual de autoayuda americano. Se nota, además, que son aymaras cristianos. La natura naturans les sabe nomás a idolatría, así como la idea de la Paridad: pa-cha, les cuestiona el principio de identidad aristotélico, base de la dogmática cristiana. Hablar sólo de la Pachamama, es traducción cristiana. El Uno, aunque sea femenino, es lo típico del mono-teísmo. Un idólatra habla del Sol y la Luna, de Pacha Mama y Tata Inti. Dicho más exactamente: se refiere a las relaciones contradictorias y complementarias entre ambas polaridades. Lo amerindio es la relatio; lo occidental es la relata.

De lado extractivista se trata de la vieja y no resuelta relación de la izquierda latinoamericana y los pueblos indígenas. Se hubiera pensado que la izquierda boliviana hubiera aprendido la lección de los Sandinistas con los Misquitos. Pero no. Otra vez se ha dado una traducción mecánica: se ha remplazado “proletarios” por “indígenas” y todo lo demás: la comprensión leninista y gramsciana del partido y de los intelectuales, así como el prurito trotskista de superar industrialmente a los Estados Unidos: desarrollismo puro y duro, han quedado intactos. Claro, hay más conocimiento etnográfico, pero, epistemológicamente, no ha habido variación alguna, como demuestra Dominique Temple en su texto: Marxismo y Reciprocidad. Crítica de las tesis de Álvaro García Linera. De lado extractivista llama la atención la frivolidad conceptual con la que han lidiado con los pachamámicos: primero les hablan del “capitalismo andino-amazónico” (el ayni es nomás trueque), luego del “socialismo comunitario” (una granja colectiva es igual que el ayllu) pero cuando pasan del nivel del discurso al de la gestión son despiadadamente neoliberales: último gazolinazo. El instinto político de Morales les salvó de una rebelión indígena que hubiera pasado página. Se siguen preguntando “¿qué hacemos con los indios?” como los hacendados liberales del siglo pasado. Es conocido su mito de “el aymara de overall”.

De lado pachamámico gubernamental: Viceministerio de Descolonización (que tiene, a su vez, una Dirección Nacional de Despatriarcalización) se está dando un proceso no pensado: construir una religión neo-andina que institucionalice el Vivir Bien. Una religión, con rituales y sacerdocio, de cuño empero monoteísta; como una religión de Proclamación, cuando, hasta donde se, lo equivalente homeomórfico andino sería, para seguir con la terminología de Paul Ricoeur, una religión de Manifestación que, por diseño, no precisaría de liturgias y jerarquías sacerdotales. Claro, no sería la primera religión sincrética; el cristianismo lo es. El primer paso anunciado es un matrimonio colectivo, donde se nos mostrará la nueva liturgia y la nueva clerecía; a los recién casados, el Estado Plurinacional les entregará una “Casa productiva para Vivir Bien”, es decir, una vivienda social, más un taller, donde puedan emprender proyectos productivos que les financiará el Gobierno a través de un banco de segundo piso. Esta es la arista más concreta del Vivir Bien, de la segunda gestión de Evo Morales, luego del fracaso del Plan Nacional de Desarrollo de su primera gestión. Hay que añadir que sus diseñadores y ejecutores son aymaras y quechuas que se han formado y militado en la izquierda “insurgente”.

Más interesantes son otros desarrollos como el producido en bolivianos occidentales que se preguntan, en diálogo creativo con el Suma Qamaña, y ¿qué es el “vivir bien” para un occidental que vive en Bolivia? Conozco dos casos: uno de cuño alemán y otro sefardí. El suizo desentierra las raíces ecológicas del animismo germánico, cristianizado por Hildegard von Bingen y, en general, por la mística renana de la edad media, de obvias coincidencias con el animismo amerindio; se nutre, igualmente, de los debates contemporáneos entre sus paisanos alternativos: die Philosophie des Glüks. La comprensión sefardí de la vida buena, por su parte, prosigue la veta qohelética: en clave estoica: de vita beata, que florece en la poesía hispano hebrea de el-Andalus: la estética del huerto en primavera y en el Renacimiento: la huída del mundanal rüido: Fray Luís. Esta es la tradición secular, humanista. La relación con la naturaleza la proveen ciertas fiestas judías, que como las andinas, están ligadas al ciclo de las estaciones: Sucot, Bikkurim, Tu Bishvat que, bien visto, en conjunto, guardan un sano equilibrio entre historia y naturaleza. Es decir, si cada cual regresa a sus propias raíces culturales va a observar una coincidencia asombrosa, acerca de qué sea vivir bien: hacer fluir energía bosónica.

Pero hay otra lección más que provoca el fracaso boliviano de implementar políticas públicas del Vivir Bien. Para entender ello es preciso, empero, desmontar ciertos supuestos dados por obvios. En primer lugar que Bolivia, a pesar de todo, es nomás una sociedad que pertenece a la órbita occidental; antes se decía que pertenecía a la cristiandad americana. Eso no es cierto. La Bolivia indígena pertenece al Oriente (Tibet, China, Japón…). Eso significa, que por diseño, buscará la complementariedad de Yin y Yang. Ni acepta ni rechaza a Occidente o, dicho de otro modo, la acepta y rechaza al mismo tiempo. Esto es el principio antagonista cuántico en todo su esplendor. He aquí una fuente inagotable de malentendidos entre ambas civilizaciones. Sus software, en efecto, son antagónicos: uno basado en la identidad, la no contradicción y el tercero excluido; la otra basada en la polaridad antagónica, la complementariedad y el tercero incluido. Ambos modelos entrañan, pues, dos visiones asimismo antagónicas de lo que es la Buena Vida. Una reduce: antropocéntrica: Occidente; la otra abre: cosmogónica: Indianidad; una excluye lo intangible: sólo lo mensurable: masa; la otra incluye los universos paralelos: frecuencias de onda que nos rozan, por ejemplo, en los sueños o vislumbramos en el chamanismo: energía. Es obvio que una privilegia lo cuantitativo y la otra lo cualitativo. He aquí una diferencia básica.

En segundo lugar, los últimos quinientos años, nos demuestran que cuando Oriente y Occidente se encuentran, siempre termina imponiéndose Occidente (energía fermiónica) y subalternizando, en este caso, a la Indianidad (que busca el equilibrio y complementariedad de energía fermiónica y energía bosónica). Lo normal, en el modelo occidental, es lo cainita: el genocidio del otro. La no metabolización de la Paridad. Respecto de Occidente, la búsqueda estocástica de equilibrio y homeostasis amerindia es su mayor vulnerabilidad. Occidente es depredador por diseño: la Caída, no por natura, como enseña el mito bíblico del Paraíso y dogmatizan luego Hobbes y los fundadores anglosajones de las ciencias políticas. Para entender este incordio es preciso, empero, poner las cosas en perspectiva: al homo sapiens, como homo mayeuticus: que ayuda a parir a la madre tierra, se le calcula unos 170,000 años; todo ese tiempo ha vivido en un equilibrio animista con su entorno; los arquetipos descifrados por Jung así lo corroboran, desde un perspectiva psicoanalítica. El homo faber semita, producto del monoteísmo abrahámico, no tiene más de 5,000 años. Sin embargo, éstos han sido de una intensidad tal que han bastado los últimos 200 años, cuando se empieza a cumplir el objetivo estratégico: “Dominad la tierra”, para desestabilizar los ecosistemas terrestres. La intensidad occidental se debe a su unilateralidad; a su apuesta por la energía fermiónica (Enrico Fermi es el inventor de la bomba atómica, no por casualidad) y a sus políticas de represión de las energías bosónicas que Freud, en Malestar en la cultura, antropomórficamente, las traduce como libido, Trieb, es decir, energías sexuales: las energías de la conectividad. Para reducir esta diferencia civilizatoria a un par de conceptos: Occidente apuesta por la Separación: “Al comienzo era la Palabra”; la Indianidad por la Conectividad: “Al principio era el Ayni”. Pues bien, Suma Qamaña tiene que ver con Ayni: circulación de las energías, disipación (Prigogine). Progreso y Desarrollo tienen que ver con Palabra: verbum: logos: ratio: racionalización del flujo de las energías. Pues bien, el mito ilustrado del Progreso, el slogan rooseveltiano del Desarrollo, ¡vamos! el american way of life sólo puede florecer entre átomos monoteístas; no donde operan redes animistas transpersonales (Wilber) y constelaciones familiares transgeneracionales (Hellinger y Ancelin Schutzenberger). Este es el domino del Suma Qamaña.

Así, pues, cuando estos dos paradigmas antagónicos: Desarrollo y Suma Qamaña, se quieren implementar en un espacio político y administrativo, regido por la ratio occidental, como es la “forma Estado Nación”, las buenas intenciones tienen patas cortas. La unilateralidad del Desarrollo es frenada y relativizada sutilmente por el animismo (a esto también le llaman –ignorando su razón epistémica y observando sólo los efectos- “desarrollo del subdesarrollo”) y el Suma Qamaña (cuando se le quiere implementar, como en Bolivia) es traducido, automática e inconscientemente, a parámetros cósicos y cuantificables. De ahí el patético esfuerzo de los funcionarios bolivianos por encontrar “Indicadores” para medir su implementación en el PND. El desarrollo se puede medir; el Suma Qamaña, no. Así, pues, el “Para Vivir Bien, no mejor” choquewanquiano es sólo, lamentablemente, un flatus vocis. Retórica. Cuan cierto es eso de que no hay nada más práctico que una buena teoría. De ahí el éxito de la Participación Popular.

Así, pues, si Occidente y la Indianidad no pueden coexistir, respetándose mutuamente, en un mismo espacio, lo lógico y ya probado (por ejemplo, las misiones jesuíticas) es apostar por un modelo político que separe y articule, al mismo tiempo, ambas territorialidades; una librada para que florezca la Reciprocidad y sus sistemas jurídicos cosmocéntricos; la otra para el Intercambio y su sistema jurídico positivo. Esa forma, no la vamos a encontrar en la tradición occidental, marcada por la Politeia de Aristóteles, sino en la tradición andina que la elevó a potencia estatal en Tiwanaku y Cusco y, durante la Colonia y la República, la congeló en el Ayllu, compuesto de una mitad Urin, (+), y otra mitad antagónica llamada Aran, (-). Me refiero a la “forma Diarquía”, que no es otra cosa que la traducción política del funcionamiento de la unidad mínima de masa-energía, descubierta por la física cuántica: la teoría Onda-Partícula; la complementariedad Bosón-Fermión. De ahí su actualidad y pertinencia. No debemos olvidar que ya hemos dejado atrás el paradigma newtoniano, smithiano y hobbesiano que han regido la modernidad.

En sociedades cuya masa crítica, demográfica y culturalmente, es indígena; digamos los países andinos, vale la pena explorar un contexto político de esta naturaleza que permita el florecimiento de ambas, contradictorias como son, pero complementarias. No se trata de pendular, maniqueamente, al otro extremo: “No al Desarrollo y sí al Buen Vivir”. Sería lo mismo que antes, sólo que al revés. A juicio mío, la conceptualización de Naciones Unidas: desarrollo humano y desarrollo sostenible, ha avanzado hasta donde permite su paradigma antropocéntrico y mecanicista. Rebautizarlos con “Vivir Bien”, sería tautológico y estéril. El plus que añade el concepto amerindio es de naturaleza cuántica y/o mística. Lo diré con un ejemplo a la mano: el Suma Qamaña, como la luz, es el efecto cuántico del encuentro del polo positivo y el polo negativo; no es sólo polo +, ni polo -; es el efecto de su mutua complementariedad: “el efecto T”, de Lupasco: el Tercero Incluido. Ya no estamos, pues, bajo el paraguas del paradigma newtoniano. Estamos en el universo del Efecto Observador, de la No Objetividad; ambos, Desarrollo y Suma Qamaña coexisten contradictoriamente como el Gato de Schrödinger; su colapso depende de nosotros. En fin, para expresarlo con palabras de Hölderlin, ambos son precisos para poder “morar poéticamente sobre la tierra”.

jueves, 23 de diciembre de 2010

A la sombra del principio Ch'ulla. Una evaluación de fin de año

Por: Javier Medina

Mis supuestos

Como se sabe, he reformulado la dualidad contradictoria subatómica, Onda / Partícula, con los conceptos de Ch´ulla y Paridad para poder leer el colapso de la materia-energía a nivel de la complejidad humana. Pues bien, desde esta grilla hermenéutica voy a intentar hacer un balance provisional del Proceso de Cambio en curso.

Desde mi punto de vista, la civilización occidental se caracteriza, precisamente, por un colapso Partícula: energías saxra, fuertes, masculinas. En ello coinciden las raíces semitas y helenas que minimizan las energías antagonistas: la Magna Mater mediterránea y la diosa Asherah, sublimada como Shejinah. La Indianidad busca ecualizar ambas energías: la bosónica y la fermiónica.

Mi hipótesis, pues, es la siguiente: pasado el tiempo de las diosas madres, (Riane Eisler), acabando el interludio del Dios de Abraham, Isaac y Jacob (Blas Pascal), el tiempo del Padre, (Lacan), empezará un tiempo en que ambas polaridades antagónicas iniciarán un proceso de tipo conyugal: jaqichasiña. En esto, jaqichawi, la indianidad tiene el software más sofisticado. Un guiño de esa tendencia, en Occidente, es el bestseller de Dan Brown: The Da Vinci Code. Por un lado, los cristianos le están buscando mujer a su soltero de oro y, por el otro, la crisis terminal del celibato, azuzada por la pederastia clerical. Hasta aquí llegó el principio de no contradicción. Vivimos un tiempo liminal.

Las macro tendencias que acaban

La edad moderna, donde florece y frutea la apuesta monoteísta: el capitalismo, (el socialismo es también capitalismo, sólo que de Estado; no de Mercado) eligió el mito de la Revolución como la tecnología para producir el milagro de la reconstitutio in novo de las Vasijas rotas: otro tiempo, un hombre nuevo, como si no existiera la ley de la gravedad; secuela ésta de una falsa hipótesis: la dualidad cuerpo / alma; los seres humanos, empero, somos un continuo masa-energía, como ahora sabemos.

En la Revolución reverberan los atributos de la energía fermiónica: violencia, autoritarismo; lo súbito; las energías de la expansión, fragmentación, individuación; el rigor: lo masculino; la unilateralidad, la lógica de no contradicción: estás conmigo o contra mi; la ilusión de la hegemonía, un solo sentido común: la homogeneización noosférica: thánatos:; infundir temor como feedbak, la sangre como semilla; un jefe: führer, caudillo, timonel, líder: un solo macho de la manada, un solo camino, una sola verdad, un solo tipo de sociedad: todos iguales no sólo jurídicamente.

Ahora bien, lo antagónico: el anarquismo, no hizo masa crítica. El tercero incluido: el reformismo: la socialdemocracia, es la que trajo, en realidad, el bienestar soñado por su clase obrera. Kautsky, no Lenin; La Salle, no Trotsky. Lula, no Fidel. La Participación Popular, no la Revolución Democrático Cultural empoderaron económica y políticamente a la Indianidad. (La RDC convirtió, otra vez, a los indígenas en pongos; esta vez: políticos, y, económicamente, democratizó el acceso al circuito coca-cocaína).

El Reformismo intenta, políticamente, balancear las energías fermiónicas y bosónicas. Las energías bosónicas son las energías de la conjunción, la dulzura: lo femenino; lo procesual, poco a poco: paso a paso; la lógica antagonista de lo uno y lo otro, la complementariedad, el principio ganar/ganar; la pluralidad, lo heterogéneo, la libre expresión de sentimientos, pensamientos y emociones: eros; las redes descentralizadas, el compartir, la rotación, el turno: el camino del medio.

El holón Bolivia, como caso

En Bolivia, la sociedad menos occidental del hemisferio, se está rompiendo la hegemonía monoteísta occidental. No debiera ello, llamar la atención. Ello, empero, implica que algo sigue y algo cambia. En la cuenta corta, me interesa saber qué hace masa crítica; cómo se dosifican la continuidad o el cambio. Sobre ello me quiero detener

¿Cómo se dosifican, hoy, Occidente y la Indianidad?

Fenomenológicamente, lo que marca el cambio es la emergencia de la Indianidad. La puesta en escena de su ritualidad, vestidos, palabras, movilizaciones: su centralidad mediática. Da la impresión, empero, que esto es de momento superficial, anecdótico, folclórico: adjetivo. La nueva legalidad es anti-india y, ¡oh paradoja! con su anuencia. Jaqis votando lo ch´ulla. Buen ejercicio para aprender a pensar lo contradictorio.

Noumenológicamente da su último coletazo un rostro tercermundista, extemporáneo, de las energías fermiónicas del Occidente monoteísta: la revolución democrática y cultural. La revolución opera dentro del monoteísmo; ese es su Sitz im Lebem.

Ahora bien, cuando una sociedad es monoteísta y animista, ese concepto, si se pone en escena, es como farsa, en palabras de Marx.. Ya no tiene pertinencia, pues la sociedad no es homogénea culturalmente. El nuevo concepto, que incluye el de revolución pero lo relativiza y trasciende, es Pacha-kuti: el regreso: kuti, de las dos: pa, energías antagónicas: cha, como complementarias. Pero he aquí que ese regreso no es súbito. Se acerca descalzo y paradójicamente.

Primera constatación, por tanto: de facto, estamos en tiempo de “revolución”. Occidente sigue mandando, mediante sus comisarios rojos, y la Indianidad (bautizada de movimientos sociales) ha ocupado, en su imaginario, el lugar de la clase obrera: masa de maniobra y carne de cañón. Como en toda revolución, hay un cambio de clase dominante. Esto nadie puede negar. Luego, como en toda revolución, rodarán cabezas, pero ya sólo metafóricamente: legalmente. En la long durée occidental, esto es un gran avance, ciertamente. In fieri, se acerca, quedo, el tiempo del pachakuti. Ignoro todavía sus ritmos. Sólo se que, ahora, no tienen todavía el poder. Ello, empero, debiéramos considerarlo como normal y aceptarlo así, como lo hace la Indianidad taoísta. Tenemos que aprender a pensar, sin prisas, lo impensado.

¿Cuáles los ritmos y tendencias del proceso de cambio?

Podríamos atisbarlo en el fractal del MAS. En el IPSP / MAS se pueden distinguir hasta ahora tres fases: la fase embrional del Chapare donde lo andino es más fuerte que lo occidental (véase De la Revolución al Pachakuti, de Filemón Escobar); el interludio parlamentario, en el que lo andino y lo occidental empatan y, la tercera fase: la gubernamental, en la que lo occidental se impone y subordina lo andino. Como en el Tai Chi, este movimiento generará su simétricamente contrario.

Intuyo que el énfasis occidental durará hasta que implosione el Estado Plurinacional debido a que no podrá soportar las energías centrifugas (so pretexto de transparencia) y las energías centrípetas (so pretexto de legalidad positiva) que está poniendo en escena simultáneamente y que inciden directamente en la gestión pública. Esta sería la vía no anarquista de hacer desaparecer el Estado (:lo estático) y que abrirá el espacio teórico para pensar la Comunidad Política: el Jatun Ayllu, ora estáticamente, como Occidente, ora dinámicamente, como el Oriente.

Sospecho, dada la aceleración estocástica de los tiempos (los liberales tardaron 20 años en demostrar su capacidad; los socialistas tardarán 10 años) que el encuentro intercivilizatorio se dará hacia el 2015 (complementariedad de Occidente y la Indianidad) y, si seguimos el algoritmo estocástico, antes del bicentenario de la República podremos tener el gusto de ver dar sus frutos al principio Diarquía; con lo que volveríamos al Chapare, en otro bucle de complejidad, es decir, a la experiencia primigenia de los cocaleros andinos.

¿Cómo se está imponiendo lo occidental?

El modo sustantivo

Este modo no hace tanta bulla, pero es el más efectivo; la segunda modalidad, que llamaré adjetiva, hace más ruido, pero es más efímera. Pero, entre ambas maneras hay complicidad y sinergia. Comparten, en efecto, el mismo software de civilización: el monismo jurídico y un savoir faire ya probado: la extirpación de idolatrías.

La forma sustantiva es implementada por los abogados del MAS. Están imponiendo un modelo jurídico obsoleto, que no funciona y, en ello, han sabido neutralizar el sistema jurídico indígena, que sí funciona, colocándolo como florero y, ello, nada menos que con el voto indígena; lo que demuestra el neo-pongueaje masista. Los abogados del MAS han impuesto su visión tercermundista en la Asamblea Constituyente y lo están imponiendo, ahora, desde el Poder legislativo, con las nuevas leyes. Esta es una vía inédita de implosionar, desde dentro, la forma Estado. La Ley: el orden, como promotor del caos, entendido ora como chipazón ora como turbulencia producida por las nuevas leyes. Me fascina esta manera contradictoria de acabar con la forma Estado: lo estático, por la energía dinámica de la forma Ayllu que, inconscientemente, se filtra a través de los abogados indígenas del MAS.

El Estado Plurinacional está implementando, simultáneamente, dos movimientos que se repelen mutuamente: la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz que ha encendido el ventilador: lo centrífugo; en poco tiempo, nadie, con dos dedos de frente, querrá ser funcionario público. Centrípetamente: las nuevas leyes congelan un modelo chipado, de tipo positivo, que inmovilizará en peor todo el aparato administrativo. He aquí la receta para implosionar algo sin que nadie se de cuenta.

El modo de empleo, es la extirpación quirúrgica de todo cuanto huela a idolatría en el totum revolutum de la Constitución. Para esta operación, liberales y socialistas: monoteístas se unen por ensalmo (: el trío de los Carlos, loado por el PNUD). La técnica es minimizar y volver inocuo el sistema jurídico indígena, a la par que se lo loa y sahuma. Véase la Ley de deslinde jurisdiccional. Es modélica al respecto. Este raleo sistemático de lo indígena, ya lo han sentido, empero, el CONAMAQ y la CIDOB pero he aquí que siguen presos, afectivamente, del Jiwasa, que les ha suscitado el jilata Evo, pero que los está llevando por la vía de la jiwaña.

La forma adjetiva

La forma adjetiva de occidentalizar el Proceso de Cambio consiste en encubrir discursivamente el Pachakuti con la retórica de la Revolución. Ahora bien, la última revolución en Occidente ha sido la Revolución cubana. Este “ya es otro tiempo”, como dicen los indígenas. Ya no estamos en la modernidad. After Castro, sólo puede haber inercia.

Pero he aquí que, en la cuenta corta, no hay que despreciar las fuerzas de la inercia, especialmente si no hay una contra-inercia; como en nuestro caso. La ley de la gravedad ya ha producido, en efecto, un cadáver: las Autonomías: creación artificial de las elites, internas y externas, para enfrentar y minimizar el huaico indígena. Entre tanto, los abogados del MAS la chiparon, lo que se pudo, para hacerla inocua. ¡Son mucha cosa nuestros tinterillos! Claro, como en otras ocasiones, habrá mamás-chimpancé que seguirán agarrando a su cría muerta, queriendo creer que sigue viva. El amor maternal es insondable.

He aquí que una revolución, por diseño, es centralista y vertical. No hay revolución plurinacional, autonómica y descentralizada. Ello es un anacolutum absoluto. Una revolución es la entronización de Phallus: del Uno. Por eso es que las autonomías son ya un aborto, por angas o por mangas.

En primer lugar, por carecer del así llamado Factor subjetivo: la elite emergente es claramente presidencialista, centralista, vertical y autoritaria; estas atribuciones van siempre en combo y son de diseño. El programa Bolivia avanza, Evo cumple ha anestesiado, eficiente y eficazmente, todo pujo descentralizador e institucionalista.

En segundo lugar, porque tampoco existe Factor objetivo: con la subida a la Presidencia de Evo Morales, la Indianidad da un viraje centralista y quiere ver en él la figura del Inca: del gran Donador: reciprocidad ternaria centralizada; lo que, efectivamente, se implementa con los Bonos y Cheques en mano. Este factor objetivo se puede entender de dos maneras, desde las masas, como ya vimos, pero también desde las elites: los gobernadores. Estos tampoco quieren protagonizar; se comportan como delegados presidenciales pasados por el hervor del voto. Los del MAS por serviles; los de la Media Luna porque, lo de las Autonomías, fue sólo un pretexto para oponerse a la Indianidad y apropiarse de la tierra y de los recursos naturales. Nunca han creído en ella. Este ha sido sólo un sueño abstracto de tecnócratas plagiarios.

En tercer lugar, las autonomías también carecen de base material: ningún nivel autonómico tiene la capacidad fiscal de autofinanciar su destino. Autonomías rentistas (que es lo que desean todos) es otro gran anacolutum, amen de supina ingenuidad. Eso no funciona, sobre todo si un centralista agarra el grifo.

Pero, caramba, ¿por qué un centralista debería implementar una descentralización de su poder, máxime si los factores reales de poder no lo quieren? Por si ello no fuera suficiente, he aquí que la Indianidad (para sorpresa de ilusos) no quiere cambios progresistas, en sentido occidental; quiere saborear, sencillamente y, a saber, por mita, del poder q´ara, ahora en sus manos. O sea que ésta es una curiosa revolución sin élan revolucionario. Una revolución conservadora. Una vuelta de tornillo a más de lo mismo, que sabemos no funciona. Pero, ¿quién ha dicho que un animista quiere ir a lado alguno? Perseguir metas es ilusión de monoteístas.

La Indianidad marginada, quiere disfrutar de estar en el centro; subordinada, quiere saborear el Uno; arrodillada y raleada, quiere gozar del rodillo parlamentario; mamada, quiere satuquear ahora. Aunque sea vicariamente. En esas estamos. La sociedad se está devolviendo cortesías. Los t´aras están dando a los q´aras de su propia medicina. ¿No se puede ver este momento como un instante de justicia poética? El equilibrio implica oscilación. A una de cal: gobernador, otra de arena: delegado presidencial. ¿No cachamos la vaina? Estamos, todavía, en el dominio del Uno. Prefiero, sin embargo, esta “revolución” a la francesa, rusa, china, camboyana y cubana.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El malentendido entre Occidente y la Indianidad. Repensando el municipio de La Paz

Por: Javier Medina

Hace aproximadamente 10 años el MSM cambió el nombre de “Oficialía Mayor de Cultura” por el de “Oficialía Mayor de culturas”. Gran cambio para la época. La fáctica y evidente diversidad cultural de la ciudad se la reconoce conceptualmente. El multiculturalismo se convierte en política pública. Se celebra la diversidad y se la amplía hacia las subculturas urbano juveniles, musicales, sexuales, artísticas, etcétera. Todo lo que se pueda incorporar, a la matriz occidental municipal, se incorpora y revaloriza. Pero, he aquí, que en esa valorización ecuménica de la pluralidad, lo aymara-quechua: los qollanas que, según el último Censo se identifican, en el caso de nuestro municipio, en un 61% como tales, frente al 38.8% del famoso “ninguno”, quedan diluidos como mero color local. La política multicultural, diseñada por el liberalismo protestante anglosajón para ecualizar sociedades industriales con minorías étnicas, muestra su incompetencia copiada acríticamente en sociedades mayoritariamente no occidentales, con minorías no protestantes y no industriales, como en el caso nuestro.

Una década después preocupa y es peligroso políticamente, sobre todo en un dizque “Estado Plurinacional”, esa visión conservadora multiculturalista del Gobierno municipal. Lo progre se puede convertir en retro, si cambia el contexto y pasa el tiempo. Los diseñadores actuales de las políticas culturales municipales parecen no haber superado, y se aferran, inercialmente, a una visión fenomenológica e incipientemente sociológica de la diversidad cultural. Ahora bien, ese punto de vista, en ese primer nivel fenomenológico, ha sido superado demagógicamente por la revolución democrática y cultural. Demagógicamente, porque instrumentaliza lo indígena, para marchas y desfiles mediáticos u olimpiadas deportivas (panem et circenses), mientras, paralelamente, desde el Ejecutivo y sobre todo el Legislativo, trata de drenar como puede los espacios de poder real conquistados por la Indianidad, convirtiendo al Estado Plurinacional en un mascarón de proa vacío; drenado de su sustancia. Tal el origen del malestar político de la CIDOB y CONAMAQ. En la lógica constitucional, lo plurinacional es lo indígena, no el socialismo. Ahora bien, cada “contenido” precisa de su propia “forma” para ser y, sobre todo, para ser-con-el-otro. Lo indígena, en el Estado Plurinacional, carece de su propia forma: la dia-rquía, para ser con la mon-arquía occidental.

Por tanto, lo que supera, demagógicamente, y entierran, fácticamente, las erráticas iniciativas culturales de la revolución democrática y cultural, es una oportunidad para el MSM-MKC para relevarlo, pues es inocuo e irrelevante lo que hacen: festivales de música folclórica, el suma qamaña como estrategia, ¡nada menos!, que de un plan de desarrollo: ¿?, concursos de ponchos con tractores como premio, descolonización declarativa, despatriarcalización feminista: ¿?, mamautas, creación in fieri de un neo sacerdocio indígena en un sistema cosmovisivo ¡no basado en la escisión!, como el monoteísta: ¿Qué van a re-ligar, por ventura, esos sacerdotes y pontífices de una neo-religión andina? ¿Seguir bordando chakanas en albas diaconales católicas? ¿Acaso no existe ya un poderoso y eficiente sistema de emparejamiento andino?). ¡Ay! saludos y más saludos, por doquier, a la Wiphala. Por tanto, pues, la desubicación masista, en lo que atañe a cultura y civilización, se convierte en una gran oportunidad política para el gobierno municipal de La Paz. Mostrar, teórica y gerencialmente, una propuesta administrativa y gubernativa que va más allá del multiculturalismo y la bien intencionada pero imposible interculturalidad, como sistema de gerencia pública. Evalúen nomás los resultados de la EGPP: pachamamismo, fotos a colores y papel cuché; no más.

Hay que avanzar hacia un t´inqhu de civilizaciones, con todo lo que ello implica y que no aparece en el debate político boliviano, ni de derechas ni de izquierdas, ni indianista ni indigenista; sólo en el Katarismo de Katari (hoy en alianza política con el MSM). Puedo entender el miedo occidental al Otro (el Monoteísmo occidental, en efecto, se erige, como tal, negando a la Otra por antonomasia: la mujer; es ch´ulla) y por ello puedo entender también la apología del mestizaje que es la forma de cómo nuestros católicos, urbanos, blancos, profesionales, emulan a la avestruz en su afán para no ver lo obvio y evidente que les cuestiona ontológicamente, no sólo políticamente. Ojala pudiera ser que lo que no queremos ver, por ese mero gesto, dejara de existir o se convirtiera en gris: ni para ti ni para mi. He aquí, empero, que eso, que ni en un cuentito para dormir niños, éstos no los dejarían pasar, determina la fe de los militantes del mestizaje. No se si es bueno respetar la ceguera voluntaria; no –creo– cuando rebasa lo individual y se convierte en una ceguera política. Que no aprendemos (“Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz”, Ex. 9, 32) lo muestra nuestra reciente actitud hacia la ley contra el racismo. Agarramos un párrafo, lo sacamos de contexto, lo mal interpretamos, proyectamos nuestros temores imaginarios: el lobo piensa que todos son lobos, lo absolutizamos, vociferamos histérica y mediáticamente, jalamos padrinos de los states, para, en el fondo, poder seguir siendo impunemente racistas. ¡Abramos más bien los ojos! ¡Somos una minoría étnica en este país! Minoría significativa, poderosa, pero minoría al fin y al cabo. Este es, para nosotros Hijos de Abraham, el horizonte de la reconstitución de lo político, si queremos darnos nuestro lugar en este país, donde los hijos de Pachamama son mayoría y tienen, además, un insuperable modelo político para ese encuentro complementario de opuestos: el ayllu: aran / urin, del que nosotros carecemos por ch´ullas, no por opas. La imposición del modelo católico de “Estado unitario plurinacional” (un solo dios verdadero y 36 nacionalidades distintas) es, para nosotros, estratégicamente, una victoria pírrica. No se pueden establecer relaciones responsables de largo plazo sobre el engaño y la astucia. Debemos enterrar al Pizarro y al cura Valverde, que llevamos dentro y que, en la Constituyente, volvieron a levantar cabeza una vez más. Ojala que esta sea la última ocasión en la que la estrategia jesuítica: “Entrar con la de ellos (“indígena, originario, campesino, plurinacional, sanpueblo”: lo adjetivo) para salir con la nuestra (salvaguardar, in extremis, el carácter unitario del Estado: metáfora laica del Dios uno: lo sustantivo)”, sea implementada ante la santa inocencia de los compañeros llajtamasis y su militante y mecánica levantada de mano. (Sus nietos les maldecirán por haberse comportado como “soldados de la revolución” y no como jaqi del Pachakuti, votando contra sí mismos en asuntos estratégicos. A eso, los japoneses le llaman harakiri, aunque los samurái lo hacían por razones de honor y los nuestros porque el sentimiento del nosotros es más fuerte que la conciencia del yo, sobre la que se basa, justamente, la democracia representativa. Otro Quid pro quo democrático por no inteligir, epistémicamente, el distinto voltaje civilizacional de las dos matrices que nos constituyen. Siempre que se piense lo uno y lo múltiple en términos occidentales, como en la nueva Constitución, saldrá perdiendo la Indianidad y, ello, no conviene a nadie, si queremos sellar un pacto de reciprocidad duradero y mutuamente beneficioso).

De la descripción fenomenológica de la pluralidad cultural: multiculturalismo, el gobierno municipal debe avanzar, si quiere relevar al MAS como alternativa política, a un enfoque epistemológico de la diversidad. Siguiendo la metáfora kantiana “fenómeno / noúmeno”, hay que avanzar al noúmeno de la multiculturalidad; algo, por definición, más allá de la experiencia sensible (en la que gustosos parecen querer seguir retozando los de la Oficialía de culturas: “La belleza de la chola paceña”). Kant sugiere avanzar hacia lo nouménico como un “postulado de la razón práctica”; hoy diríamos de la razón gerencial. Es decir, no hay nada más práctico: eficaz, que una buena teoría para hacer una buena gestión. Ahora bien, entre tanto la propia filosofía y las Geisteswissenschaften han superado el idealismo alemán y tenemos la obligación intelectual de repensar las definiciones racionalistas y las descripciones fenomenológicas de la cultura desde el nuevo paradigma científico técnico de hoy mismo. Es demasiado elemental fundamentar una disquisición al respecto, recurriendo al diccionario escolar: “cultura viene de colere”. Dentro de ese reducido horizonte intelectual, referirse, por ejemplo, a la Función Onda ya resulta algo incluso insultante.

El estructuralismo, en especial la obra de Lévi-Strauss, ha terminado de desmontar una comprensión esencialista y humanista del Hombre: un ente abstracto: “hijo de dios”: (“Lo hiciste poco inferior a los ángeles” Salmo 8, 2), compuesto de “alma y cuerpo”, desvinculado de la biosfera: lo tangible, y de lo intangible: la cultura, a no ser como dominador: (“Dominad la Tierra”: Gén 1, 28; ”Le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por la mar”. Salmo 8, 7-9). Hoy se vuelve a imponer una visión sistémica del hombre, semejante a la holista de la Indianidad, como microcosmos: el ser humano como un universo a escala en contigüidad morfológica con el todo: geometría de fractales: las partes se auto-semejan dinámicamente al todo. Es más, la parte contiene al todo. El paradigma hologramático. Una célula contiene toda la información genética del ser potencial. Por eso, justamente, se pudo clonar a la oveja Dolly. Con la hipótesis alma/cuerpo no se puede clonar nada. Así, pues, la información que nos pueda dar el nivel más simple imaginable, por ejemplo, el nivel subatómico se replica, por resonancia mórfica, a niveles más complejos como, por ejemplo, la misma humanidad, entendida como una unidad neural hipercompleja. Ya son dinosaurios científicos quienes se rehúsan aceptar, por ejemplo, que lo que vale a nivel subatómico, vale también a nivel astrofísico y, a fortiori, a nivel noosférico. Se aferran a la vieja diástasis, cuando todo indica un diseño en la lógica del continuum: la gran cadena del ser: scala naturae, de factura holoárquica, ahora. Gracias al Huble sabemos, por ejemplo, que la gestación de una nueva galaxia se parece, morfológicamente, a un feto animal o humano. Pues bien, es desde esta perspectiva epistémica que debemos redefinir conceptos esenciales a este propósito, como cultura y civilización, para afinar una propuesta política que pueda tomar el relevo político y reencausar el proceso de cambio, ya en curso de entropía, en su versión sindical-socialista. (“De la chompa al rodillazo”, es una metáfora que puede graficar la segunda ley de la termodinámica, aplicada a nuestro caso. En una época en la que la Videoesfera prestidigita en segundos la empatía mundial hacia un nuevo icono, también en segundos puede concitar la energía contraria: la antipatía. Del calor al frío, del orden al desorden, de lo sólido a lo líquido, de la empatía a la antipatía: esta es la ruta de la entropía)

Así, pues, lo indígena no es adjetivo y lo occidental no es sustantivo (tal la nueva Constitución, si sabemos leer críticamente y no nos dejamos emborrachar la perdiz por la proliferación de señuelos de identidad y jaculatorias de reconocimiento). Ambos expresan, en nuestra formación societal, las dos energías, Bosón y Fermión, que constituyen la vida. Tenemos que superar (pero no hegelianamente: tesis/antitesis=síntesis, sino cuánticamente: e / no-e: T) una visión antropocéntrica de la política y la gestión pública por dos razones básicas: una, porque la mayoría indígena de este país pertenece a un paradigma cosmocéntrico: pacha-céntrico, en realidad, pertinente ecológicamente, hoy, y porque el nuevo paradigma científico de Occidente (en el que debemos ubicarnos los bolivianos occidentales de tradición abrahámica) ya no es newtoniana, mecanicista y reduccionista. Por una vez, se abre la oportunidad que los occidentales bolivianos estemos, políticamente, a la par o por delante de Occidente y no a cien años de distancia por atrás, como la actual oposición católica, urbana, profesional y empresarial. Es una vergüenza, pero es nuestro espejo: eso somos como sociedad occidental. Eso, han producido los colegios católicos y sus universidades. Es hora que la CEE inicie una metanoia espiritual e intelectual, tanto en el sentido greco-paulino como en el de Pete Senge: La quinta disciplina, para remozar, desde sus fuentes herméticas, la sabia judeocristiana del “tronco centenario” para que pueda hacer el t´inqhu civilizacional con el “tronco milenario” de la Indianidad. Pactar sobre una sintaxis compartida. Este es el horizonte de lo político, hoy). Y, ello, está más allá de la revolución democrática y cultural.

Al ser humano, anatómicamente moderno, se le calcula 175,000 años. Durante el 93% de nuestra existencia hemos vivido como cazadores, recolectores y horticultores, dentro de una cosmovisión animista de cuño “matrístico y fraternal”, según Riane Eisler e “igualitaria y matrilineal” según la terminología de Marija Gimbutas. Los arqueólogos no han hallado ningún resto de armamento ni de fortificaciones militares entre los años 6,500 y 5,500 antes de nuestra era. Ahora bien, en Oriente Medio, cerca de 4,000 años antes de nuestra era empiezan a aparecer sociedades basadas en agrupar a miles de seres humanos en equipos de trabajo gigantescos para construir canales, levantar diques y crear las primeras sociedades hidráulicas a gran escala. Las relaciones familiares matriarcales dejan paso a nuevas formas de poder patriarcal. El gobierno antes estructurado en torno a decisiones consensuadas, interactivas y concretas, cede el paso a formas de gobierno abstracto en manos de un único gobernante que ejerce un poder absoluto, administrado por burocracias especializadas. Esta idea del Uno, masculino, está ligada a los nombres de Akenatón y al de Moisés. Una teoría reciente afirma que Moisés fue un noble de la corte de Akenatón. Desde Freud hasta Campbell se sugiere que Moisés pudo haber abandonado Egipto tras la muerte de Akenatón (1358 a. C.) cuando las reformas monoteístas del faraón fueron rechazadas violentamente. Las principales ideas que apoyarían esta teoría serían que la religión monoteísta de Akenatón sería la predecesora del monoteísmo de Moisés, que es el que llega hasta hoy mismo. [] Digamos, pues, que la idea monoteísta no tiene más de 3,500 años, versus los 175,000 años de experiencia animista. Ahora bien, estos 3,500 años han sido de una intensidad increíble, sobre todo los recientes 500 y, en especial, los últimos 200, en los que el consumo de energía ha alcanzado unos niveles sin precedentes y la entropía generada, que se plasma en el cambio climático causado por el consumo de combustibles fósiles, ha provocado unas transformaciones en la química de la biosfera que pueden ser fatales. Es decir, la experiencia histórica nos obliga a relativizar la experiencia monoteísta del Uno, como paradigma de civilización, y a revalorizar la experiencia animista de la Paridad, como paradigma de civilización, máxime si ésta no excluye la energía masculina, como sí reprime el monoteísmo la energía femenina.

A nivel de lo simbólico, la noción de la Paridad es muy fuerte; no en vano todos sabemos, a nivel de lo real, que provenimos de un padre y una madre. No hay nadie que en su sano juicio sostenga que proviene de su padre y punto; sin embargo, esta experiencia primordial, arquetípica, deja de funcionar a nivel conceptual en la tradición occidental. Esta inadecuación entre lo real y lo simbólico es, ahora, la mayor vulnerabilidad del modelo monoteísta. Incluso en la tradición judía, esta idea bizarra: primacía del Uno patriarcal, ha debido irse imponiendo, paulatinamente, sobre todo después de la destrucción del primer Templo, 586 a. C., cuando la escritura y el dinero se van convirtiendo, poco a poco, en los máximos equivalentes generales de sentido. La arqueología ha descubierto, en Jerusalén y Beersheva, figurines-pilares de la diosa Aquerah, esposa del dios El, fechados 700 años antes de nuestra era; es decir, en la época del así llamado Reino de Judá La tradición kabbalista, más sofisticada, mantiene empero la idea de la Paridad nada menos que en la figura del Adam Kadmón, el Hombre primordial, creado a imagen y semejanza de Dios: varón y mujer los creó: Génesis 1, 27. Adam Kadmón es andrógino. El diagrama del Árbol sefirótico es una ayuda visual para pensar lo contradictorio: columna de Jojmah y columna de Binah, y el Tercero incluido: la columna del medio. La tradición griega conoce también la misma figura: el hermafrodita: hermes-afrodita que Platón nos transmite en el Simposio. El Taoísmo conoce la figura del Yin y Yang. Mesoamérica otro tanto: Quetzalcoatl: el dios pájaro y serpiente: el cielo y la tierra. Los Andes conocen Wiraqocha: fuego y agua. Los guaraníes conocen el mito de los mellizos. Que esto no es un mito, en el sentido vulgar de cuento, lo vuelve a recordar la física cuántica, cuando en la unidad mínima del átomo vuelve a descubrir ambas energías: función Onda y función Partícula, como constitutivas de la materia-energía, volviendo a otorgar la fuerza de “palabra del origen” a las narraciones míticas de la humanidad. El Mito, en efecto, se caracteriza, porque trata de responder a una pregunta existencial; está constituido por contrarios antagónicos y proporciona la reconciliación de esa polaridad contradictoria mediante la complementariedad de ellos; es decir por el lado contradictorio. Veamos la proposición fundamental del cristianismo y, a fortiori, de Occidente: “Jesús es Dios y Hombre”. De hecho, ello ha dado lugar a dos escuelas de pensamiento: la escuela de Antioquia, que enfatizaba la humanidad y la escuela de Alejandría, que enfatizaba su divinidad, dando lugar a dos herejías famosas: el Nestorianismo: Jesús es hombre y el Monofisismo: Jesús es Dios. Lo correcto: el dogma cristiano, en efecto, estriba en afirmar lo contradictorio: Jesús es Dios y Hombre al mismo tiempo. En tiempos de una nueva nestorianización del cristianismo: teología de la liberación, por ejemplo, hay que volver a izar lo Contradictorio como matriz de significación y de civilización. Tal el anclaje epistémico, desde Occidente, para nuestro diálogo con la Indianidad.

Como el Monoteísmo sólo es posible en el nivel imaginario, en lo real, el monoteísmo abrahámico no puede evitar la manifestación de la Paridad animista en su seno y ésta se manifiesta a través de lo que se ha venido en llamar, desde el punto de vista simbólico, Heterodoxia. Ortodoxia / Heterodoxia. La ortodoxia afirma al Padre, la Ley, el Estado unitario, la escritura, el dinero; la heterodoxia al padre y a la madre, la costumbre, la diarquía, la conversación, el ayni: en ello estriba la herejía. Después de Constantino, la ortodoxia se expresa hacia fuera: es exotérica. La herejía se expresa hacia dentro: es esotérica. En el Judaísmo es el sistema dominado por lo sacerdotal, rabínico, centrado en la sinagoga. La vertiente herética está representada por los cabalistas: movimientos minoritarios, más bien elitistas y aristocráticos, rodeados de secreto; los Marranos fueron acusados a la Inquisición por “adorar a una diosa”; así como en las estampidas mesiánicas. En el Islam acaece otro tanto; hay el Islam político, conquistador, fundamentalista, volcado hacia fuera y el Sufismo volcado hacia dentro, místico, contemplativo. El cristianismo, al comienzo, conoce la versión latina: hacia fuera, activa, agresiva: las cruzadas, la dialéctica: su acompañante intelectual, y el cristianismo griego: pasivo, contemplativo, no expansivo: liturgia cósmica, Cristo cósmico. El catolicismo contrareformista que acompaño y bendijo la conquista y la colonización: activa, extrovertida, misionera, tuvo su contraparte en la mística carmelitana y el quietismo y, antes, hacia el año mil, cuando desde los monasterios cistercienses se va gestando la sociedad gótica: hiperactiva, guerrera, dogmática, ejecutiva, florece la mística renana, ecológica, matrística, bajo las polleras de esa gran dama: la abadesa Hildegard von Bingen. El Protestantismo recién con Taizé, mediados del siglo pasado, produce su opuesto complementario; entre tanto se dedicó a dar el último hervor al mandato del Génesis: Dominad la Tierra, con las nefastas consecuencias medioambientales, sociales y psíquicas, que ya conocemos. Así, pues, los hijos de Abraham tenemos una tradición animista, reprimida, basada en la Paridad, con la que podemos dialogar con la Indianidad. También entre nosotros debemos llamar a un Pachakuti: lo heterodoxo debe salir del closet, la mística debe volverse política y nuestro monoteísmo patriarcal bajar al manqhapacha.

Así, pues, podemos avanzar hacia una nueva redefinición de cultura y civilización, desde una visión sistémica, en el continuo cosmo-andro-biológico. El punto de partida lo da la Mecánica cuántica. Teoría física desarrollada a principios del siglo XX que describe las propiedades de la materia y de la energía en el nivel subatómico. Según esta teoría, la materia y la luz pueden ser consideradas simultáneamente como partículas y/o corpúsculos y como ondas, y sólo pueden ser descritas en términos de probabilidades. Esta paridad, hallada en el nivel más micro imaginable, es explicada por Niel Bohr como complementaria, es decir, la materia y la radiación pueden ser, simultáneamente, ondas y partículas. Las dos descripciones se complementan. Dicho de otro modo, las características ondulatorias (Thomas Young) y las características corpusculares (Albert Einstein) son aspectos mutuamente excluyentes pero, paradójicamente, complementarios de la luz (Max Planck). Louis de Broglie generaliza este principio del mundo subatómico a todo el universo, es decir, a todo lo que tiene que ver con materia, energía e información. Por tanto, también a la sociedad, la cultura y las civilizaciones humanas. Este es el paso que propongo. Ampliando el espectro, se puede decir que la pluralidad, variedad y diversidad de partículas (la multiculturalidad atómica) se coagula, finalmente(: sus mínimos comunes denominadores, por así decir) en dos grandes haces de energía que han sido sistematizadas bajo dos formas básicas: bosones y fermiones. Los Fermiones, que responden a la estadística de Fermi-Dirac, son las partículas que producen materia; no pueden asociarse sino a condición de diferenciarse los unos de los otros (Principio de exclusión de Pauli); son las fuerzas “masculinas” de la expansión, conquista; son energías centrífugas, ad extra, que producen fragmentación, individuación: disyunción, lo que, por cierto, permite que el universo siga expandiéndose. Si no están equilibradas por las energías antagónicas, son energías fuertes, agresivas; no por casualidad Fermi es el descubridor también de la bomba atómica. Los aymaras llaman a esta energía saxra. Los Bosones, que responden a la estadística de Bose-Einstein, así llamados en honor a su descubridor el físico indio Satyendra Nath Bose, son aquellas partículas que se combinan para producir energía; pueden asociarse indiferentemente los unos con los otros; son las fuerzas “femeninas” de la inpansión, son las energías centrípetas de la gravedad, ad intra, que producen relacionalidad, comunidad: conjunción: las neuronas espejo que producen la empatía, lo que, por cierto, permite que las energías disipativas fermiónicas se condensen y coagulen formando galaxias, supernovas, sistemas solares, planetas. Sin esta energía, el universo se estaría expandiendo indefinidamente y no hubiera aparecido la vida. Los aymaras llaman a esta energía chuyma. Ahora bien, si sólo hubiera energía bosónica no se habría dado el Big Bang. La vida es el fruto de la complementariedad de estas dos energías fundamentales. A nivel de la humanidad, ésta colapsa ora como Fermión: Occidente, ora como Bosón: Oriente. Siguiendo la lógica del signo igual puesto por Einstein entre E y m, o su visualización en la figura taoísta del Ying y Yang, podemos decir que lo fermiónico contiene a su contrario: lo bosónico, minimizado (la ortodoxia sus heterodoxias) y, al revés, lo bosónico contiene a su contrario: lo fermiónico, minimizado. Todo occidental lleva un indio reprimido y todo indio lleva su occidental resistido. Las dos energías nos cohabitan en dosis diferenciadas por las programaciones neurolinguísticas, una asentada en lo fermiónico y la otra basada en lo bosónico. Por tanto, no hay dualismo, ni maniqueísmo; hay dosificación: alquimia, probabilidades aleatorias y estadísticas, sobre estos dos ejes fluidos. Dicho esto, siempre incluimos/excluimos lo otro, desde una masa crítica que hemos heredado familiarmente. A esto, con Simón Yampara, llamamos Matrices de Civilización. La matriz occidental tiene un software mayormente fermiónico; la matriz amerindia, en cambio, busca un equilibrio de lo bosónico y fermionico desde una matriz bosónica, empero. Por eso es vulnerable frente a una civilización que reprime la energía bosónica y enfatiza la sola energía fermiónica, depredadora por definición. El quid pro quo de ese diferencial energético es el que explica mejor la conquista. Los amerindios pensaron que los españoles pertenecían a la civilización del don: lo bosónico, y los españoles supusieron que los amerindios eran unos capitalistas en ciernes como ellos: lo fermiónico. Ese error nos constituye hasta el día de hoy, Proyecto de Cambio incluido. Se sigue imponiendo lo occidental y dejando engañar lo amerindio.

Así, pues, para decirlo gráficamente. La Humanidad colapsa ora como Fermión (-), ora como Bosón (+). Esto vendría a ser como los Tipos Ideales de Max Weber. Los tipos reales son combinaciones de este corte. Occidente, por ejemplo, es el signo fermiónico - en 50 puntos de tamaño y en negrita y el signo bosónico + en 10 puntos de tamaño y blanquita. Esto porque no es sistémico, busca la identidad: lo no-contradictorio y, por tanto, privilegia una sola variable: lo cuantitativo y homogéneo, a costa de todo lo demás. La Indianidad, por ejemplo, es el signo bosónico + en 25 puntos de tamaño y en negrita y el signo fermiónico – en 25 puntos de tamaño y en blanquita. Esto porque es sistémica: busca la homeostasis; se basa en el principio antagonista y busca, por tanto, la complementariedad de opuestos; necesita del t´inqhu de energías en un taypi para ecualizar el sistema; privilegia lo cualitativo y heterogéneo.

Ahora bien, cuando estas dos Matrices de civilización se encuentran en un mismo espacio, la Matriz Fermiónica avasalla, reprime y distorsiona a la Matriz Bosónica. La historia de los últimos 500 años, en Bolivia y el mundo, me ahorra dar ejemplos. Es demasiado obvia la supremacía del Occidente fermiónico en el mundo. Ahora bien, esta unilateralidad occidental es patógena para la biosfera en su conjunto y, a fortiori, para la humanidad. Produce neurosis, Freud, y desequilibrio de los ecosistemas terrestres. Pero no va a desaparecer como desean los anti-capitalistas y anti-monoteístas. Para mí, el capitalismo/socialismo es el resultado real del monoteísmo simbólico, son indisociables; como el ayni es el resultado real del animismo simbólico amerindio, también son indisociables. La energía fermiónica no puede desparecer, como tampoco la bosónica. Estas son las metáforas que tenemos que repensar políticamente.

Una vuelta más de tornillo a las dos Matrices de civilización, para irlas visibilizando más. En un cuadro a dos columnas, escribiré las características más saltantes de ambas Matrices, sabiendo que cada una de ellas incluye a su contraria de modo subordinado o minimizado. Espero que hablen por sí mismas las dos columnas.

Occidente

Oriente (Indianidad)

Unidad

Paridad

Comunitarismo

Individualismo

Fijación en el Padre: Ley

Fijación en la Madre: Naturaleza

Ser (estático, abstracto)

Devenir (cíclico, concreto)

Antropomórfico

Cosmomórfico

Ética individual

Moral cósmica

Homo faber

Homo mayeuticus

Monoteísmo

Animismo

Tempo-céntrico: historia, progreso, desarrollo

Espacio-céntrico: Suma Qamaña

Los valores que hacen masa crítica en ambas Matrices las podría graficar del siguiente modo.

Occidente

Indianidad

No relacionalidad. “La cosa en sí”

Relacionalidad. “Todo está ligado”

Unidad: un solo polo significativo

Correspondencia: el par hace la simetría. Todo es simétrico en el cosmos

Substancia: el ente en sí

Reciprocidad: dar, recibir y devolver

Abstracción: mapa

Lógica de lo concreto: territorio

Egoísmo: yo (punto fijo que no cambia)

Solidaridad: nosotros (todo es relativo)

Basten estos insumos, para pasar a caracterizar la forma Estado, Gobierno, en ambas Matrices de civilización. Con Parménides los griegos hacen una apuesta extraordinaria, cuyos resultados e implicaciones recién ahora estamos en la capacidad de evaluar. Inventan el ser, la substancia, los sustantivos abstractos. Se dicen: no todo puede ser fluir, como todavía Heráclito definía la realidad. Hay que detener el flujo de la energía. Se rehúsan aceptar la segunda ley de la termodinámica en el nivel imaginario. Nace la ontología y la metafísica occidental: hay un mundo de las ideas absoluto, puro, incontaminado, que no cambia y, por tanto, puede amainar la sensación de vértigo y orientar las acciones humanas, desde un punto de referencia fijo, a valorizar y acumular la energía producida por el trabajo humano. Surge lo estático y, con ello, las instituciones que son baterías para acumular energía y distribuirla, luego, en el largo plazo; hay que dejar de vivir al día, como Epicúreo. Surge el Estado que, en la tradición aristotélica, es la Monarquía: el poder del Uno. Al interior de la Hélade también co-existía, pero subordinada y minimizada, la energía contraria, representada por epicúreos, cínicos, estoicos, escépticos …: los postmodernos del mundo helenístico. Los perdedores de entonces. Las tecnologías que van a permitir congelar la disipación de energía y acumularla para el largo plazo (planificación, gestión…) son, sobre todo, la escritura: congelar la voz, y el dinero: congelar el trabajo. No hay Estado, a la occidental, sin escritura y sin dinero, sin planificación, gerencia: burocracia. El Estado moderno es, pues, una franquicia europea, de raíz griega y kabbalista: el orden angélico: las mediaciones para suscitar el Poder (ex nihilo) como chanchullo de las modernas burocracias estatales. De aquí sale el concepto de “comunidad imaginaria”; tan eficaz, como sabemos, en Occidente. Es, pues, una máquina racional/ficcional para producir bienes y servicios a escala industrial. Un gobierno municipal es eso a escala no nacional. La Indianidad, que se basa en un modelo energético, en el continuo de la biosfera, es un modelo disipativo, de alta sinergia que, sólo por perplejidad conceptual y abusando de la analogía, se le puede llamar “Estado”: estático. Pues es, más bien, la rotación, el turno, el flujo, el pasar el cargo, lo rotativo, no lo detentativo: la mita: lo interactivo, lo que le define. Lo contrario del modelo occidental. Las tecnologías que van a permitir su funcionamiento son las de la reciprocidad: el ayni. Esta forma de trabajo/juego/ritual/celebración: sacramento, busca la generación del valor; no la acumulación. El capitalismo/socialismo es cero valor por diseño. La Reciprocidad, por el contrario, busca generar los valores humanos. Ese es su objetivo. En esto consiste el Suma Qamaña. Desarrollo y Suma Qamaña, por cierto, no van juntos en un mismo espacio; por ejemplo, el del Estado Plurinacional, como ya sabemos. La acumulación, la concentración de energía en un punto del sistema, que retiene la energía y ésta deja de fluir por el resto del cuerpo, es la quintaesencia del capitalismo. Esta acumulación asistémica, desde el punto de vista de los sistemas vivos, es entendido como una enfermedad. La acupuntura, como sabemos, es la tecnología encargada de desatorar el caño para que la energía siga fluyendo: en ello estriba la salud de un sistema vivo. Acumular, detener el flujo del Chi, (en chino, Cha en aymara) es patógeno. Así, pues, la oposición antagónica de ambas Matrices de civilización está servida. Desde el punto de vista político, estos son los contenidos y formas que nos constituyen como sociedad.

Ahora bien, en Bolivia tenemos lo siguiente: hemos aceptado la forma Estado, de cuño europeo, el hardware digamos, pero el manejo racional, profesional, meritocrático, orientado a resultados, etcétera, su software, lo hemos remplazado por un galimatías que ritualiza lo que no entiende, a saber, que el Estado es una máquina racional/ficcional para producir bienes y servicios y no una chacra, en el ecosistema ciudad, donde se cosecha un sueldito al mes, en lugar de papas y, a saber, por turno. El Estado, para los amerindios, es otra chacra más que les da de comer; por eso se challan, justamente, las oficinas estatales el martes de carnaval, de acuerdo a la ley del ayni. Hay que compartir ¿no ve que? En esto estriba el “nuevo modelo” de gestión plurinacional: para ser funcionario público (no tenemos burocracia estatal) hay que haber sido antes dirigente sindical, amen de ser militante del partido de gobierno; algo a lo que ya estábamos acostumbrados, por cierto. Esito y ritualidad; todo ello bañado en muyta, mucha muyta: dar vueltas, asombrado, en su escritorio y en los “talleres de capacitación”. Nada de estudios, títulos, oposiciones, meritocracia. Así tenemos que, una forma racional y abstracta, es operada como un qhathu. Por eso somos un simulacro estatal y estamos donde estamos en los rankings occidentales. Pero he aquí, que la “forma ayllu” ha sido capaz de producir una civilización holista y equilibrada que hoy nos asombra y es una posibilidad de reinventar nuevas formas políticas de base ecológica.

Lo que debemos saber es que tanto la Matriz occidental como la Matriz amerindia son poderosas. Ahora bien, lo que también sabemos es que, en un espacio compartido, como el que ofrece la forma Estado nación (o plurinacional), la forma occidental se impone, de modo formal, pero los modos amerindios terminan, operativamente, bloqueando y neutralizando la energía fermiónica occidental y, de este modo, ninguna de las dos Matrices terminan ofreciendo sus bondades. Sin lucidez epistémica, pero en buena lectura fenomenológica, en Bolivia siempre se ha hablado de “poder dual”, “doble poder”, “bloqueo”, “empate catastrófico”. Esta es la razón. ¿Qué hacer entonces? Antes, sugiero un ejemplo para visualizar una propuesta probablemente insólita a primera vista.

Veamos el caso de la Paz de Westfalia, 1648, que está en el origen de los actuales Estados europeos. Como se sabe, después de la Reforma protestante, Europa se desangró en guerras de religión. Ahora bien, al interior del cristianismo, también se puede ver al catolicismo como bosónico y al protestantismo como fermiónico. Revueltos, dentro de la República cristiana y el imperialismo de Carlos VI, produjeron la Guerra de los Treinta Años en Alemania y la Guerra de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos. Lo que me importa resaltar, de este ejemplo, es que para que la paz se pudiera establecer entre Matrices culturales antagónicas, se decidió que cada Estado territorial adoptara como propia y oficial la religión de su príncipe, duque, arzobispo, etcétera. Cuius regio eius religio fue la divisa. Así, en territorialidades protestantes regía el software protestante y en territorialidades católicas regía el software católico. Hoy en día, como sabemos, la Unión Europea cataliza una ecualización de un sistema político democrático en el que el sur católico y el norte protestante forman una sola unidad política, económica y cultural. Ya nadie va a matar o morir por Lutero o por el Papa. El laicismo es el Tercero Incluido de esa contradicción entonces sangrienta. En la Colonia conocimos la República de los Indios y la República de los Españoles que se prolonga hasta hoy en día en las dos Bolivias. No voy a proponer, pues, nada nuevo. Voy a sugerir, simplemente, una forma probada para “desfacer entuertos” políticos como el nuestro, que no nos desangra, cierto, pero nos mantiene en una lógica de suma cero. Nadie gana y, por tanto, el Estado: el Tercero Incluido, no puede ecualizar las ganancias de cada Matriz. No hay Bien común; hay una desigualdad inaceptable.

Avancemos un paso más. La “forma municipio” pertenece a la Matriz occidental; la “forma ayllu” pertenece a la Matriz aymara. (Con todo respeto, la “forma autonomía indígena” no se donde se inscribe. Sólo se que no tiene nada que ver con la Matriz indígena, por donde se la quiera ver. Es un relicto de la guerra fría entre el MAS y la Media Luna. No tiene viabilidad. ¿Querrán los indígenas, voluntariamente, convertirse en una indian reserve de tipo americano? No creo.). Ahora bien, en el caso de La Paz, lo que hace masa crítica en nuestro municipio es lo occidental. Los aymaras y quechuas paceños, cuando están en la ciudad: lengua, vestido, comida, vivienda, trabajo… colapsan significativamente en occidental. Lo aymara, no es que desaparece, pero se expresa significativamente en las relaciones, creencias, Gran Poder, mercados, fiestas patronales barriales. La Fiesta es el efecto exotérico del funcionamiento esotérico de la economía de reciprocidad. No es folclore. De nuestro lado, lo aymara también tiene su lugar: challamos, muyteamos, chuymeamos, llamamos al ajayu, ñateamos…en fin, idolatramos también. Simétricamente al revés que los aymaras. ¿Qué lógica da cuenta de este tipo de interacción? No la hegeliana, donde lo indio y lo español se superan, aufheben, en lo cholo, si la masa crítica es india, o mestizo, si la masa crítica es española. Y ello, además, empaquetado esencialistamente de acuerdo a la ontología occidental. De aquí brota el pseudo problema de la “Identidad”, basado en el Principio de no-contradicción. La gente, absurdamente, se ve obligada a definirse: o se es q´ara o se es t´ara, indígena o “ninguno” (según la nomenclatura de los sabios del INE). Falso dilema. Tal, en cualquier caso, el nivel fenomenológico del chenko identitario, exacerbado por el maniqueísmo masista.

Ahora bien, he aquí que actualmente, gracias a la formalización lógica de la física cuántica, por Stéphane Lupasco, sabemos alguito mejor cómo opera esa interacción. Parece ser que las estructuras básicas de la socialidad brotan del equilibrio entre dos fuerzas antagónicas: Bosón y Fermión, Diferencia e Identidad, vale decir, de las fuerzas de heterogeneización y de las fuerzas de homogeneización. Es, justamente, este equilibrio contradictorio el que parece permitir un reconocimiento del hombre por el hombre, como un ser superior a su identidad biológica. Si cada uno se reconociera como hombre en la parte del otro que es idéntica a sí mismo, las sociedades estarían constituidas por individuos similares o reducidos a un modelo único e inmutable. Por otra parte, si se reconocieran sólo por ser diferentes unos de otros, los hombres serían extranjeros entre sí y hasta enemigos. La antropología nos ha mostrado estas estructuras dualistas en las que hay siempre simetría de relaciones de hostilidad, de la misma importancia que las relaciones de alianza. Pero pocos, por el Principio de identidad aristotélico, llegan a la observación de que es, justamente, el equilibrio mismo de la relación de identidad y diferencia, de unión y exclusión, de faccionalismo y comunitarismo, el que hace posible que haya sociedad y que, por consiguiente, nos las tenemos que haber con la oscilación de las dos energías. El Principio de antagonismo enuncia, pues, que a todo fenómeno corresponde un antifenómeno: e / no-e, de tal modo que la actualización de uno sea también la potentialización del otro, y recíprocamente. Si actualizo mi pertenencia occidental, se potencializa mi pertenencia aymara; si actualizo mi pertenencia aymara, se vuelve virtual mi pertenencia occidental. Tenemos muchas pertenencias de distinto voltaje. Si la metáfora de la Identidad, A=A, pudiera verificarse en un laboratorio, ello equivaldría al equilibrio térmico: a la muerte. Con la metáfora de la Identidad vamos por una falsa pista. La potencialización es definida por Lupasco como una conciencia elemental. La onda actualizada está unida a una estructura corpuscular potencializada; la estructura corpuscular actualizada está unida a una onda potencializada y cada una de esas potencializaciones es una conciencia elemental. He aquí el punto de vista también ratificado por Temple. Heisenberg utiliza la noción de potencialidad en el sentido aristotélico de acto y potencia. Aristóteles, en efecto, entendía la Materia como una entidad diferenciada que contiene, en potencia, los contrarios: el engendramiento y la corrupción, la vida y la muerte, el orden y el desorden. Ahora bien, el aporte de Lupasco estriba en introducir un término nuevo para este estado particular de potencialidades coexistentes simétricas: “el estado T” que significa, justamente, lo contradictorio en sí mismo. He aquí, empero, que ese Tercero es el tercero que la lógica clásica excluye y que, probablemente por ello, Lupasco llama Tercero incluído. Ese “estado T” menta, asimismo, la situación en la que las dos polaridades antagónicas de un acontecimiento son de intensidad igual y se anulan recíprocamente, para dar nacimiento a una tercera dinámica entre la energía y la materia, en sí misma contradictoria. Dicho de otro modo, el principio de antagonismo conduce al reconocimiento de una entidad sin materia ni energía, tan real, empero, como la realidad, que Lupasco denomina “Conciencia de conciencia”, que no viene a ser sino “energía psíquica” y que Temple llama “Afectividad” y Jacqueline Michaux ch´uyma. Con lo cual hemos entrado imperceptiblemente al dominio de la Reciprocidad: la liberación de las energías de las polaridades antagónicas que se topan en el cara a cara del encuentro interhumano. La reciprocidad permite al ser humano descubrir su condición simultánea y latente de predador y presa, de asesino y víctima. El monoteísmo eligió ignorar y reprimir la polaridad, sólo Uno, con las funestas consecuencias que todos conocemos: el holocausto del otro: indios, judíos, gitanos, homosexuales y también el holocausto de la Otra; la naturaleza. Dicho de otra manera, la reciprocidad permite entender que el Agente, en su turno, sea Paciente y el Paciente, en su turno, sea Agente; con otras palabras: que cada uno es la sede de lo contradictorio, pero de tal suerte que el contexto de uno es anulado por el contexto antagonista del otro. La existencia del uno es puesta en juego por la existencia del otro y es la relativización mutua, del uno y el otro, lo que da nacimiento a un Tercero incluido que Temple llama “humanidad” y, en el caso nuestro, también podemos llamar el nuevo “Estado”: la Diarquía: las dos energías, occidental y amerindia, se actualizan y potencializan mutuamente, es decir, se relativizan una a la otra y viceversa. De este modo, el principio de antagonismo, en la lógica sistémica del nuevo paradigma, propone una solución original al problema de las relaciones del espíritu con la materia y la energía. La teoría de Lupasco reduce la distancia entre el espíritu científico y el espíritu racional. Nos hallamos, pues, en las antípodas de la modernidad, donde el intríngulis boliviano no tiene solución, ni por la derecha ni por la izquierda: energías básicamente fermiónicas, como estamos comprobando con el actual régimen.

Hay dos maneras básicas de operativizar una idea. La amerinda: buscando el equilibrio de todas las variables y la occidental: focalizando las energías: los recursos, en un punto complejo y de allí rebalsar hacia el resto de las variables. Ambas pertenecen a nuestra caja de herramientas; debemos usar una u otra según el caso. En el caso de nuestro municipio, no estamos en cero y, además, hemos votado un modelo bien concreto: un modelo municipal de gestión y tecnocracia de tipo occidental. Eso es lo que hace masa crítica. Es decir, desde lo occidental tenemos que abrirnos hacia lo aymara, para buscar un t´inqhu de civilizaciones; no interculturalidad. En otros municipios tendrá que ser al revés. No hay recetas generales y absolutas. Desde lo occidental, lo mejor es buscar un punto complejo para iniciar la deconstrucción del modelo político monoteísta derechista/izquierdista. Sugiero empezar por lo primero que colonizaron los españoles: la comprensión ecosimbiótica del espacio andino, imponiendo el sistema mecanicista de las Reducciones toledanas: compartimentación homogénea del espacio: provincias, secciones, cantones y, después, en la misma lógica, departamentos. Ahora bien, sabemos que en nuestra ciudad existen hasta el día de hoy Ayllus Urbanos, enterrados e invisibilizados por los barrios, distritos, macro-distritos y cicunscripciones republicanos. De lo que se trata, pues, es de visibilizarlos, mapearlos, reconocerlos y decidir, para empezar, que en uno de ellos, por ejemplo el Ayllu Chijini, empieza un proceso de autodeterminación y gobierno propio en la lógica del Ayllu. Es decir lo que rija en ese espacio: la territorialidad del ayllu Chijini, será su sistema jurídico, su sistema económico, su sistema político. Los servicios de salud, educación, planificación, diseño urbano, etcétera, deben seguir los patrones que les de la gana. Hay que abrir un espacio de incertidumbre, indeterminación, creatividad y, gerencialmente, diseñar una interfase de sistema entre el Ayllu y el Municipio, pues la tan cacareada idea de autonomía es una imposibilidad real y una aberración política; no hay tal cosa, ni en el cielo ni en la tierra; lo que hay es interdependencia, sinergia, colaboración, coordinación, desde la propia matriz. En pocas palabras, se trata de que lo occidental: nuestro Municipio, funcione con excelencia: invierta en educación, investigación e innovación, produzca cantidad y nuestros ayllus urbanos vuelvan a renacer y vuelva a florecer el ayni y nos llenemos de kamiris: produzcan calidad, y, entonces, recién entonces, nos inventaremos el Tercero Incluido: el ecualizador del sistema: el nuevo concepto de Gobierno y Administración; es decir, un “Estado” estático-dinámico, por así decir, que trasvase las riquezas de una Matriz a otra. Un detalle más: hay que empaquetar este proceso como una Comunidad de Aprendizaje, para ofrecer a escala ampliada los resultados de este proceso como programa de gobierno para las próximas elecciones. Este laboratorio político será una nueva forma de hacer política, esta vez más indígena que occidental: obras en vez de palabras.