miércoles, 10 de junio de 2009

3. Monismo y Dualismo

Bien, lo descrito, más bien fenomenológicamente, se fue tornando cada vez más abstracto: nocional, gracias, precisamente, a la filosofía: que para ello se la inventó, hasta cristalizar en los conceptos de Monismo y Dualismo, que no hay que desligar nunca: uno es el revés del otro y ambos, ora materialista ora idealista, no se adecuan a lo que ahora sabemos, gracias al nuevo paradigma científico: la Paridad masa–energía: onda-partícula.

Así, pues, han recibido el nombre de Monismo todas aquellas posturas filosóficas que sostienen que el universo está constituido por un sólo principio o sustancia básica. Así, para unos, los que absolutizan la “polaridad masa”, todo se reduce, en última instancia, a materia, por eso son llamados materialistas; mientras que para los llamados idealistas, que absolutizan la “polaridad energía”, ese principio único, sería el espíritu.

Ahora bien, la contribución que más influencia tuvo fue la teoría de las Mónadas de Leibniz. Las mónadas son, al ámbito metafísico, lo que los átomos al ámbito físico. Así, pues, las Mónadas son los elementos últimos conformadores del universo. Son "formas sustanciales del ser", con las siguientes propiedades: son eternas, indescomponibles, individuales, sujetas a sus propias leyes, no-interactivas y cada una es un reflejo de todo el universo en su armonía preestablecida. Esta es la base filosófica del individualismo moderno que, políticamente, se expresa en el liberalismo. Como vemos, la absolutización de una sola polaridad. Cotéjese: la crítica urbana, católica, a la expulsión de Víctor Hugo Cárdenas de su comunidad. La sinagoga también expulsó a Baruj Spinoza; la iglesia católica conoce el concepto de Excomunión y la lista de excomulgados es inmensa; las colonias menonitas de Santa Cruz también expulsan a quien se le ocurra preñar cambitas. Es la lógica de toda comunidad, en la sangre o en la fe.

El Monismo materialista podemos insinuarlo a partir de Demócrito, cuyo principio constitutivo del universo era el átomo; de ahí la denominación de esta escuela como Atomista. Sostenía, en efecto, que toda realidad es un compuesto material fruto de la unión de átomos. Por eso el ser humano es pura materia y, por tanto, no existe inmortalidad del alma: la otra polaridad. Claro que con el descubrimiento moderno de que la materia es un estado de la energía y viceversa, todas estas escuelas, tanto idealistas como materialistas, quedan en off side. Ahora bien, es interesante recordar que el materialismo de Demócrito resurge a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, a través de filósofos como D`Holbach, Diderot y, sobre todo, La Mettrie. Su materialismo mecanicista fue sustituido en el siglo XIX por los de Marx y Darwin que siguen siendo influyentes, aunque caducos, después de Einstein, 1905. Esta es la base filosófica del colectivismo moderno que políticamente se expresa en el Socialismo. Como vemos, la absolutización también de una sola polaridad. Colectivismo socialista y comunitarismo del ayllu no tienen nada que ver. El primero se basa en el átomo: el individuo; el otro en la complementariedad de Aran y Urin. Es el efecto cuántico de la complementariedad de opuestos.

El Monismo espiritualista, opuesto al anterior, afirma que todo lo real es mental, es decir, todo lo que existe es lo que percibe la mente. No existe la materia; ésta es fruto de la imaginación. El ser humano, pues, es concebido como una mente que se percibe a sí misma y a su entorno. En palabras de Berkeley, esse est percipi: ser es ser percibido, es decir, la realidad consiste en percibir y ser percibido. Sólo existe una única realidad espiritual. Así, para esta escuela, no tiene sentido afirmar la independencia de cuerpo o materia, puesto que todo se debe a nuestra percepción. Una especie de Efecto Observador unilateral.

Los historiadores de la filosofía han distinguido, además, lo que llaman un Monismo intermedio que estaría representado por el sefardí Baruj Spinoza que dizque propondría una solución neutral, en el sentido de que no admite el dualismo cartesiano de las dos sustancias: material y espiritual. Para él, estaríamos compuestos por una sola Sustancia que es Dios, de la cual sólo conocemos dos atributos, la extensión y el pensamiento. Se trataría de dos atributos de una misma realidad, de modo que el Monismo intermedio consideraría que hubiera una única Sustancia de la cual sólo conoceríamos dos atributos.

Yo pienso, por el contrario, que Baruj Spinoza expresa, con la terminología de su época, lo que ahora sabemos por la física cuántica y que él debió conocer de la Kabbalah sefardí de Moisés de León: el Zohar. Seré escueto. Para ello recordaré el modelo cuántico: el electrón (la Substancia spinozista: Deus sive Natura: Paridad) está compuesto por la función (atributo, le llama Spinoza; sefirah, en Kabbalah) Onda (res extensa: materia) y la función Partícula (res cogitans: pensamiento). Debido al software unilateral, los historiadores de la filosofía no pudieron entender la lectura kabbalista de Spinoza: el Uno es Par. Kéter (la Substancia) se expresa en las dos sefirot: columnas: Jojmah (res extensa) y Binah (res cogitans). En política ello conduce a una visión diárquica del poder y, por tanto, del Estado, basada en la complementariedad de res extensa: Pachamama: Natura naturans y res cogitans: Monoteísmo: abstracción inmaterializada. Tal mi propuesta para reconciliar las dos Bolivias antagónicas, pero complementarias. En cambio, bajo un molde monista de base trinitaria, católica: Estado Unitario plurinacional: Un solo Dios y 36 nacionalidades, este país seguirá haciendo ruido y produciendo turbulencia, pues no corresponde al modelo mental del ayllu: aran / urin que es el que hace Masa crítica en Bolivia.

Veamos, ahora, la otra cara de la medalla: el Dualismo, del latín duo, dualis: dos, dual. Se llama así a la doctrina que afirma la existencia de dos principios supremos, increados, independientes, irreductibles y antagónicos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción se explica el origen y evolución del mundo. También, en un sentido más amplio, se denomina así a las doctrinas que afirman dos órdenes de ser esencialmente distintos. Por ejemplo, ser ideal y ser real, dios y mundo, naturaleza y gracia, razón y fe, materia y espíritu, orden físico de la necesidad y orden moral de la libertad y el deber, conocer y querer, bien y mal, etc. En el primer caso se trata del dualismo en el sentido más estricto y usual del término; en el segundo caso se puede hablar de un dualismo filosófico o metafísico, que se opone de modo irreductible al monismo, al panteísmo y el holismo.

El término dualismo es utilizado por primera vez por Tomás Hyde en sentido teológico para designar el dualismo de la religión persa; la misma significación tiene en Bayle y Leibniz. Wolff introdujo el sentido metafísico y ontológico, al emplear el término dualismo para significar las relaciones del alma con el cuerpo.

El dualismo teológico aparece en muchos pueblos antiguos, especialmente en Persia que es el que llega a Occidente. Su religión, impulsada y reformada por Zoroastro hacia el s. VI aC, establece un principio divino del bien, Ormuz o Ahura Mazda, y otro del mal, Ahrimán. Formas de dualismo se encuentran después en el orfismo (hacia el s. VI aC), en el gnosticismo (s. II aC), en el maniqueísmo, en la doctrina gnóstico-maniquea de Prisciliano y, ya en la Edad Media, en las sectas heréticas de los bogomilos, albigenses y cátaros. La más influyente de estas doctrinas, después del mazdeísmo de Zoroastro, fue el maniqueísmo.

En líneas generales, las doctrinas dualistas coinciden en los siguientes rasgos: El principio del Bien es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la Materia, o con el diablo o demonio (maniqueísmo). La materia es, pues, mala y principio del mal; o bien creada por un demiurgo distinto del Dios bueno (gnosticismo de Marción), o por el diablo, principio del mal (Prisciliano): rigorista y extrema; o bien ceden ante lo inevitable y justifican la relajación: porque no es posible resistir al principio del mal que inclina a pecar, y es ese principio, no la persona singular, el responsable del pecado. Tanto su ascetismo como su fatalismo son pesimistas.

El dualismo trata de explicar la presencia del mal en el mundo, que ha preocupado tanto a los hombres, pero sin hacer responsable al hombre. Aparece cuando se descubre que en el universo todo tiene una finalidad, que le ha sido impresa por su autor, y no se quiere aceptar la responsabilidad de la libertad humana. Esa presencia del mal puede inclinar también hacia el ateísmo, en la medida en que el espíritu humano esté más dispuesto a renunciar a la finalidad universal y a las consecuencias de la responsabilidad personal. El dualismo se produce por la tendencia simplista a hacer del bien y del mal realidades absolutas existentes en sí, como elementos puros que, en todo caso, pueden mezclarse y atemperarse. En el polo opuesto de esta actitud se encuentra la apreciación del bien y del mal como meros puntos de vista relativos de los sujetos valorantes.

Esta percepción, más bien religiosa, ha sido racionalizada por la filosofía en diversas formas de dualismo ontológico. Así, por ejemplo, la encontramos en Pitágoras, con la oposición entre límite e ilimitado, par e impar, a las que corresponden otras ocho oposiciones más. En Empédocles, con el contraste entre la amistad y el odio, que Aristóteles interpreta como el Bien y el Mal. En Anaxágoras con el caos primitivo y la inteligencia. En los atomistas, con el vacío infinito y la multiplicidad de corpúsculos invisibles. Se acentúa en Platón, con los dos mundos: el mundo inteligible de las ideas, eterno, inmutable y necesario, y el mundo sensible de la materia, temporal, mudable y corruptible. Platón desvaloriza el mundo de la materia. De su doctrina procede la imagen del cuerpo como cárcel del alma. El dualismo platónico reaparece completo en los neoplatónicos. Descartes acentúa el dualismo entre el espíritu, res cogitans, y la materia, res extensa. Kant introduce un nuevo dualismo: entre la razón pura y la razón práctica, el mundo natural de la apariencia (fenómeno) y el determinismo, y el mundo moral de la realidad en sí (nóumeno) y la libertad. Los espiritualistas posteriores insisten en el dualismo entre naturaleza y espíritu.

Yo pienso que el Mal es un exceso de energía, tanto fermiónica como bosónica. El Bien es el equilibrio relativo, contradictorio y complementario de ambas energías y depende de cada caso y circunstancia. Por ejemplo, mucha agua: inundación o diluvio, es malo; poco agua: sequía, también es malo. Exceso de Rigor: dictadura, es malo; exceso de Flexibilidad: sólo deliberación participativa, también es malo. Ahora bien, es preciso decir que la democracia no es un absoluto; es relativa. En un Estado de Derecho, la Ley es el principio del Rigor; la Deliberación es el principio de Flexibilidad. En unos casos habrá que enfatizar uno, en otras circunstancias la otra polaridad, para encontrar el propio equilibrio que siempre será relativo y contextual. El exceso es el mal; el equilibrio es el bien.

Este Monismo / Dualismo se expresará, operativamente, en tres conceptos que hacen a la identidad de la civilización occidental que, si bien, ya han quedado obsoletos por el nuevo paradigma científico, siguen vigentes en los dominios de lo social, lo político y lo económico. Esto es lo que está, justamente, haciendo crisis en este momento en Wall Street, en la deconstrucción del Estado Nación, en los nuevos movimientos sociales y, sobre todo, en las rebeliones indígenas.