domingo, 23 de noviembre de 2008

La papa: alimento para el cuerpo, el corazón y la mente (Javier Medina)

Conviene empezar con la definición estándar de un diccionario. Transcribo la del Diccionario de la Lengua, de la Real Academia Española, vigésima segunda edición, para, por contraste, entender la compresión aymara de la amqa: papa, cuyo espejo: qama, por notarikon, significa energía y fuerza: amqa / qama. Esta sofisticación kabalista no la tiene la palabra castellana. “Patata: planta herbácea anual, de la familia de las Solanáceas, originaria de América y cultivada hoy en casi todo el mundo, con tallos ramosos de cuatro a seis decímetros de altura, hojas desigual y profundamente partidas, flores blancas o moradas en corimbos terminales, fruto en baya carnosa, amarillenta, con muchas semillas blanquecinas, y raíces fibrosas que en sus extremos llevan gruesos tubérculos redondeados, carnosos, muy feculentos, pardos por fuera, amarillentos o rojizos por dentro y que son uno de los alimentos más útiles para el hombre”. A esta Entrada le caracteriza una descripción taxonómica “objetiva”, por tanto, exterior, cuantitativa y utilitaria.

Para los animistas andinos, en cambio, la amqa, la papa, es un ser vivo, energético, no un producto, un objeto inanimado, como para los monoteístas occidentales. La metáfora que les sirve para suscitar y organizar el sentido del mundo es la del parentesco que tiene una obvia ventaja respecto de la metáfora sujeto / objeto del Occidente moderno: suscita una ética de responsabilidad ecológica que, hoy, en tiempos del Calentamiento Global, es de vida o muerte para la humanidad, como insiste Al Gore. Desde este punto de vista, comprenderemos mejor por qué la papa es entendida como una persona, igual que todos los demás seres que viven en el universo: la tierra, las plantas, los frutos; el agua, el granizo, el viento; el sol, la luna, las estrellas. Todos son sentidos como miembros de una gran familia cosmo biológica. Todo vive en el mundo andino y todo tiene derecho a la vida: lo cultivado y lo silvestre, la salud y la enfermedad. No conocen nuestra unilateralidad de apostar por una, digamos las “buenas yerbas”: el Bien, y estar en contra de las “malas yerbas”: el Mal: ¡Herbicidas para ellas! La familia humana se prolonga hacia el ayllu de la vida vegetal, hacia el ayllu de la vida mineral, hacia el ayllu de los ancestros que interactúa desde el plano astral. Tres Universos Paralelos que los occidentales podemos entender mejor desde la física cuántica. En esta constelación familiar cósmica se inserta la papa, para sus criadores. Es, pues, un nodo del sistema neuronal del universo.

Es conocida la famosa definición de Organización de los biólogos de la cognición Varela y Maturana, que ha hecho suya la ciencia del nuevo paradigma: una red autopoiética por la que circulan conversaciones y emociones que coordinan nuestras acciones. Pues bien, el modelo aymara es una magnífica explicitación de este novísimo punto de vista.

Para ello nada mejor que oír a los propios aymaras. Empezaré, pues, citando (y condensando) a un criador andino: don Santos Vilca Cayo. Dice así: “Bueno, la papa, como una persona, necesita de todo. Yo con mi esposa siempre estamos preocupados de la papa. Para ella tenemos que prepararle la tierra; luego, alistamos guanos para efectuar la siembra. Cuando llega su época, con mucho cuidado tenemos que tratar las semillas, porque en esta época va a entrar a una etapa de ser madre y lo mismo que nosotros, va a tener hijas. Entonces necesariamente hay que brindar vestidos, que consiste en dar tierra a las plantas de papa y cuidar de su salud. Criamos con mucho cariño y respeto; así ellas también nos criarán”. Persona, Pareja, Cuidado, Criar, Cariño, Respeto, Reciprocidad. He aquí algunos de los conceptos señeros de la tecnología simbólica andina que la humanidad tendrá que aprender si quiere sobrevivir a la catástrofe medio ambiental. Don Santos nos cuenta a continuación cómo se crea esa red autopoiética por la que fluyen conversaciones y emociones para coordinar la crianza de la vida: “El pago se prepara en dos partes; una es para las ispalla (espíritu madre de la papa) y el otro es para el marani (espíritu cuidador del tiempo-clima). Para la ispalla, tenemos que invocar a todos los productos como papa, cebada, maíz, arroz, plátano, avena, trigo, ajara y otras crianzas. Pero siempre inicia la ispalla. Llamamos a todos los productos por sus nombres propios. (…) Luego convocamos a todos los productos de la selva; iniciamos con el café, luego la walusa, la yuca, el camote, la racacha; después el girasol, garbanzo, lenteja … así a todos los productos llamamos. Luego hablamos al plátano, la palta, granadilla, zapallo (…) Para marani preparamos así: llamamos a todos los animales para que tengamos mucho ganado. Iniciamos con las ovejas, luego vacas, llamas, burros, chanchitos, los cuyes, gatos y también para los perros. Todos los ganados que tenemos son importantes, por eso invocamos para que se incrementen más. También hablamos a los gusanos que cortan los tallos de la planta de la papa. A estos les decimos: laq´itu tu te vas a ir, no vas a sacar los tallos de las plantas de la papa; para ti hay pastos, eso tienes que comer. Andate a los yungas, en allí vas a pasar tu vida porque en aquí algunos te pueden quitar la vida; nosotros tenemos zorrino, el te puede sacar y comer. Al zorrino le encargamos diciendo: ipalita, tu no vas a escarbar a las chacras porque puedes malograr los cultivos. Así diciendo, encargamos a estos animales a los achachilas; también les suplicamos a los luwaranis y hacemos presente los daños que causan estos animales. Decimos a los achchilas: padres, ustedes están pagados, no suelten a los chanchitos porque pueden dañar. Pagamos también al zorro y le decimos: tu nos vas a avisar bien sobre cómo va a ser la campaña agrícola. Tampoco tienes que comer a las ovejitas, porque tu tienes a tus cuyes grandes; eso vas a estar comiendo y así nadie te va a molestar. A los achachilas decimos: Te estamos pagando; cuida nomás a tus perros; nosotros de repente podemos maltratar o matar; eso no sería bueno. Tu te puedes molestar, por eso te estamos pagando. Luego pagamos a la totora, a los pescados del lago. A ellos decimos: ustedes nos han criado cuando no había producción, esto es tu pago. Luego pasamos a efectuar el pago a las flores y les decimos: ustedes flores: florezcan, así nosotros también floreceremos; no te vayas a marchitar, nosotros podemos marchitarnos igual; tu haces alegrar a todos. También ustedes flores van a ser grandes medicinas y con ustedes nos vamos a curar y van a alegrar nuestros corazones. Después pagamos a las enfermedades; les decimos: usu mallku, tu y nosotros y todos somos hijos de la Pachamama; tu te vas a ir a otros lugares; usu qapaja, en ahí nadie te va a molestar; diciendo esto le pagamos porque usu qapaja trae las enfermedades. Ellos también tienen derecho de comer, por eso hay que dar de comer”. Lo que conecta estos universos paralelos es la conversación y el cariño que se condesan en los rituales que ponen en escena las leyes de la reciprocidad y la complementariedad. Todos se necesitan mutuamente. Este es el gran olvido de Occidente: el olvido de la relacionalidad del ser por su apuesta unidimensional por la Substantia, prestidigitada por el alfabeto fonológico: la atomización del flujo sonoro de la palabra.

Esta concepción dialógica de la existencia se sofistica en los cuentos que narran los orígenes y trajines de la papa y en el que intervienen los abuelos, los cóndores, los zorros, la araña, el loro: significantes todos de una gramática de la creación que tiene un orden en el ciclo cosmológico de la crianza aymara de la vida. El Cariño convierte estos cuentos en cantos que los criadores andinos ofrecen a la papa a lo largo de toda su ciclo vital, como endechas e incluso saetas que la emoción de verlas crecer les arranca del corazón. Hojas de oca, hojas de papa / Flores de mistura // El mayora de ese wayñu ¿dónde está? / Flores de mistura. Es imposible no oler el aire de un haiku japonés en esta poética animista del Continuo. La endecha se complejiza en las flautas y pinkillus que, una octava más arriba, juegan a papas musicales que acompasan las labores culturales creando una mística tipo zen: una meditación comunitaria en movimiento de comunión con el misterio de la vida. Este logos spermatikós cantado, pasa a energeia a través de las ofrendas a la papa: acullico, ch´alla, sahumerio, wilancha en los momentos de siembra, brote, florecimiento, cosecha y ofrenda, en Candelaria, Carnavales y Espíritu. Todos estos elementos, desde el arquetipo textil, crean un lenguaje esotérico donde brilla la Paridad y, por ende, la Complementariedad; los verbos usados en el lenguaje ritual esconden los tesoros de una manera energética de entender el pestañeo que somos en el inconmensurable fluir de la sangre por el cosmos: metáfora del fuego y el agua, el éter y la tierra. Este logos spermatikós energetizado florece en una narrativa que Denise Arnold llama “Metafísica materna”; me gusta más, empero, la metáfora de Maturana: “Cultura matríztica”. Como quiera que fuese, Denise Arnold lo explica insuperablemente: “Las papas, siendo tubérculos, crecen dentro de la tierra y se dice que están bajo el control de la luna. Ésta en aymara se llama p´´axsi y es femenina. También se la llama P´´ axsi Mama: la Madre Luna. Las ideas contemporáneas sobre el origen de la papa están estrechamente relacionadas a nociones con respecto a los antepasados y a sus lugares de entierro, y con un mito lunar acerca de la creación, una cosmología y periodicidad lunar, todo relacionado íntimamente con la anatomía de la mujer. Los vientos traen las lluvias de temporada, que tornan roja la tierra. La tierra pegajosa se compara a la sangre de las mujeres. Y es la acción fertilizante de esta sangre fresca que primero “agarra” y luego hace crecer las papas semillas dentro de la tierra. La sangre menstrual de las mujeres se llama p´´ axsi wila, es decir, “sangre lunar” o “sangre mensual”. El ritmo del cultivo de la papa está señalado por los nodos de la oscuridad de la luna (jira) y la luna llena (urt´a) así como también el flujo de la sangre menstrual de las mujeres por el poder fecundante del viento, como aliento. Se dice que la sangre, como sustancia ancestral, pasa sólo por las mujeres, y este flujo de sangre y su reactivación periódica en el ritual, como por ejemplo en el marcado de los animales, genera la reproducción de la wila kasta o línea sanguínea, de lazos maternos de parentesco a través del espacio, entrelazadas como una telaraña”.

La papa, como todo ser vivo, es macho y hembra; tiene ancestros: papas padre y papas madre; papas abuelos y papas abuelas. Con sus criadores humanos, la papa también entra en relaciones de parentesco. Los aymaras crían a la papa como si fuera una hija; dicen que la papa congenia mejor con las mujeres, consideradas pachamamas que regeneran la vida; por eso se encargan de las semillas que son las que regeneran los cultivares. Los aymaras consideran a las semillas como madre y como nuera, cuando viene de otras chacras, por eso, les brindan comida, calor, cariño, salud, ánimo, afecto; la visten por medio del aporque; brindan con ella a través de la ch´alla y la hacen participar en las danzas, cargándolas y bailando con ellas en las fiestas. Al criar a la papa, sistémicamente, se cría también el agua, los suelos, el microclima y los animales; es decir, la crianza de la papa implica la crianza de la totalidad del paisaje. Oigamos, mejor, a una criadora andina: doña Juliana Hanco Chambi: “Cuando iniciamos la cosecha siempre nos calentamos las manos y decimos: ispalla mama, te damos gracias por las bendiciones que nos has dado con estas qepas (compara la papa con la trama textil). Nosotros, tus hijos, vamos a estar bien. Diciendo estas palabras, nos calentamos las manos con mucho aliento y las acomodamos cerca de la boca y lanzando el aliento decimos: juj, juj que esta chacra produzca harto. Diciendo así, sacamos la primera mata”. Doña Silveria Coaquira nos sugiere un apunte no sólo energético sino emocional que redunda en una ética de la crianza de la vida que no conocemos los monoteístas occidentales. “ Nosotras damos tierra a la chacra, porque sabemos cómo dar tierra a la planta; respetamos a las akawaritas (los estolones). Cuando no se atiende bien la chacra, no produce. Los hombres tienen manos frías. Tratamos a nuestras chacras como a nuestras hijas. Cuando están floreando nuestro corazón se alegra y decimos: ¡qué bonita está mi chacra! A la chacra no hay que ir renegando; ella se enoja y no produce bien”. Este es un universo energético interconectado y, por tanto, hay que saber como interactuar, pues todo influye en todo de modo diverso, de un modo fuerte o de un modo débil. Así, por ejemplo, la relación con la luna puede servir de ejemplo. Los días de luna llena y luna nueva no realizan ningún trabajo en su papal; si se siembra en luna llena, todo se va en puro follaje; si en luna nueva, los frutos se pudren. Las mujeres cuando tienen su menstruación no pisan sus chacras, pues dicen que la cosecha se suele echar a perder; la sangre emite vibraciones de onda más corta. La papa no se debe guardar donde duerme la gente, pues, como dicen, se comen a sus criadores: los enferman. Las semillas deben ser tratadas con más cuidados todavía; la cercanía de la energía masculina les hace daño; la energía femenina no sólo es compatible con las semillas sino que “su mano caliente” les permite diseñar genéticamente el formato de papa requerido a la variabilidad de sus ecosistemas y de sus necesidades. Los occidentales recién estamos aprendiendo acerca de las energías sutiles que conectan todo con todo, gracias a las nuevas tecnologías de sensores, radares, microscopios electrónicos, láser, etcétera. Esta tecnología, que dominan las mujeres andinas, podríamos llamarla high psy agrotechnology.

A diferencia de Occidente que busca la homogeneización, los andinos privilegian la crianza de la biodiversidad, dada la hiper variedad ecosistémica y climática de los Andes. Desde hace milenios, sobre todo las mujeres, practican lo que en cibernética se llama la Ley de Ashby, también conocida como la Ley de variedad requerida, que especifica que un sistema, en este caso el medio ambiente, sólo puede regularse si dispone de mayor variedad, que lo que se genera en lo regulado. O sea, el sistema debe disponer de las opciones apropiadas para todas las contingencias que pueden surgir en su ambiente, que es, justamente, lo que provee la ingeniería genética andina. Escuchemos cómo lo dice un criador aymara, don Antonio Larico: “Desde la cosecha nos fijamos en la diversidad de semillas en cada cultivo y las semillas que parecen como buena variedad las miramos por sus diferentes coloraciones y formas. Las separamos para semilla diciendo: Esta papita me lo voy a guardar en una parte muy segura y cuando llegue la época de la siembra la sembraré. Esta preferencia no hacemos mecánicamente, sino con mucho cariño. Por ejemplo, al escarbar se encuentra una mata que tiene tubérculos con formas muy graciosas, como con alas, parecidas a una paloma o a una muñeca, las levantamos con las dos manos y decimos: ¡Ay! aquí había estado mi wawa ¡Ay qué hermosa! Le da un beso y en una parte segura, donde están los atados, ahí la guarda. Estas papas deformes son conocidas como mamatas y son guardadas para la ch´alla de la fiesta de Espíritu”. Esta es ciencia de futuro, donde lo cuantitativo y lo cualitativo van juntos; donde lo racional y lo emocional no van separados; donde ética y tecnología van de la mano; donde economía y oikonomía ya no están enfrentadas; donde trabajo y juego celebran unas nuevas bodas con la Tierra: Gaia sive Pachamama.

El esoterismo de la papa tiene la misma estructura que el esoterismo de la física cuántica. Comparemos el Átomo compuesto por Onda y Partícula. De modo análogo, los aymaras conocen una papa puquntur mallku, macho i.e. Partícula y una papa puquntur t´alla, hembra, i.e. Onda. Estas dos unidades mínimas de energía son llamadas: papanku, urqu, cuando es macho; papala, qachu, cuando es hembra. Desde el punto de vista del ch´imi jakiri, que Torres y Mamani, traducen como “vida microscópica”, la energía fermiónica se llama q´ita y la energía bosónica: sapaka. El efecto de su conjunción contradictoria es llamada ch´imi ulu, huevo, que fecundado cambia a: katuta, el equivalente biológico del átomo. Homólogo, por cierto, de Jaqi que es el efecto de la conjunción de chacha y warmi, en el caso de los seres humanos o, en el caso de la naturaleza, Uraqi es el efecto de la conjunción de achachila y pachamama. El cristianismo conoce también una puesta del principio contradictorio semejante que llama, sin embargo, misterio: Jesús es dios y hombre al mismo tiempo. Torres y Mamani igualmente nos hablan de una numerología sagrada de la papa que se esconde en la “búsqueda estocástica de la reproducción”, basada en la trialidad, tetralidad y heptalidad y que se pone en escena en el ritual del akhulli de la Coca. En primer lugar, se mastica y ofrecen 3 hojas perfectas de Coca, a la Pachamama y al Achachila, que se llama K´intu. Luego aparece el K´inchu que son 4 hojas perfectas de Coca que, con untu, cebo de llama, se ofrecen a los dioses tutelares de la chacra. Finalmente, 7 hojas afines (la suma de las 3 y 4 anteriores) convoca al Arco Iris, kurmi. El 3 se desglosa como 3.(3x4) = 36; y el 4 como 4.(4x3) = 48; donde 36 parece indicar los cromosomas triploides de la papa luki negra; y 48, los cromosomas tetraploides de la papa Sani imilla blanca. Esta misma ratio numerológica, Torres y Mamani la aplican a la reproducción humana. Esta vez se basa en lo que llaman la unalidad y la heptalidad. 1 dividido entre 7 da 0,142857 que ordenado, por guematria, despliega lo siguiente: 0 14 28 56+1. Los significados de estos números son los siguientes: 0 significa Nada; 14 es el día de fecundación en el mes lunar; 28 es el número de días del mes lunar; 56 es el resultado de multiplicar 7 x 8 que, esotéricamente, significan varón y mujer respectivamente. 0142857 sumados dan 27; 2 y 7 sumados dan 9 que son los meses de gestación. El 7, como ya vimos, nos lleva al concepto de kurmi, Arco Iris que, a su vez, de abre en kurmi mama y kurmi tata; la conjunción de ambas energías lumínicas producen la wiphala cuyas cuadrículas significan “pueblos”.

Cuan lejos están, estas someras insinuaciones acerca de la compleja comprensión andina de la papa, de la definición de un diccionario occidental. La papa, acunada de conversaciones y emociones: cantos, poesía, baile, ritual, meditación, elucubración, es también un alimento para el pensamiento y el corazón.

Para los que quieran seguir profundizando, les sugiero las siguientes lecturas:

Jorge Apaza Ticona, Cosmovisión andina de la crianza de la papa, en: Juan van Kessel y Horacio Larraín (editores) Manos sabias para criar la vida. Tecnología andina. Abya Yala, Quito,1997.

Denise Arnold y Juan de Dios Yapita (compiladores) Madre melliza y sus crías. Ispall mama wawampi. Ontología de la papa. HISBOL / ILCA, La Paz, 1996.

Fritjof Capra, La trama de la vida. Anagrama, Barcelona, 1998.

John Earls, Aportes del conocimiento y la tecnología andinos en el contexto de la aldea global. Departamento de Ciencias Sociales, UCP, Lima.

Humberto Maturana y Francisco Varela, Autopoiesis and cognition: The realization of the Living. Reidel, Dordrecht, 1980.

Mario Torres y Saúl Mamani. La importancia y valor de las papas nativas en las comunidades andinas. Documento de Trabajo, Ricerca e Cooperazione, La Paz, 2007.

PRATEC, Los caminos andinos de las semillas. Lima. 1997.